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Lunes 24 de Septiembre de 2018

La hora del lobo.

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Categoría: Microrrelatos | Fecha: 13/03/2011
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“Suicídate,” susurró la voz áspera de Eddy. “Sí no lo haces, más personas morirán.”

“No lo haré,” protestó Louis, ansioso y desperado al mismo tiempo. El reloj de carillón en medio de la sala de estar siguió marcando el tiempo con su incesante tic, toc, tic, toc, advirtiéndole constantemente la pronta llegada de la medianoche. “No quiero morir.”

“Sí no lo haces, más gente morirá.” Repitió Eddy con más insistencia.

Louis meneó la cabeza repetidas veces. Por nada del mundo iba a suicidarse. Por nada del mundo abandonaría aquello que lo hacía más fuerte. Aquello que le daba vigor… Aquello que le hacía salvaje.

Eddy se apartó de la ventana abierta, desde donde descendían los suaves y al mismo tiempo poderosos rayos de la Luna Llena. Estaba teñida de oro. Las nubes la arropaban constantemente, pero como una chiquilla inquieta que no desea dormirse, la refulgente luna volvía asomarse para bañar con su brillo todo lo que tuviera debajo.

Ejercía un tremendo poder sobre Louis cada vez que emergía en el cielo. Podía sentirlo a medida que acababa el crepúsculo, y todavía más cuando se acercaba la media noche. Su solo roce de plata hacía que su corazón latiera más rápidamente, con ansiosa emoción.

“¿Acaso quieres permanecer así?” le reprochó Eddy con aquella voz rasposa que Louis había empezado a detestar desde que su mejor amigo volvió de entre los muertos para advertirle sobre la amenaza que se cernía sobre él y su alma. “¿condenado por toda la eternidad como una bestia?”

“ya me estoy acostumbrando, Eddy…” le aclaró Louis, sentado en medio de su sala de estar, con vista a la ventana. Tic, toc, tic, toc… solo quedaba un cuarto para la media noche. “A lo único que no podría acostumbrarme es a tu molesta voz todas las noches de luna llena…”

Eddy trató de sonreír, pero en su rostro putrefacto solo se asomó una mueca. “Y eso que solo aparezco tres veces al mes.”

El viento sopló y varias hojas secas cayeron dentro del salón desde la ventana. Una rama chocaba constantemente contra el cristal, con una insistencia que a Louis parecía empezar a molestarle. Como a tantas cosas que se había acostumbrado en su nuevo estado, la única cosa que le molestaba era la tremenda facilidad para irritarse antes de cada transformación.

“Piérdete, Eddy… déjame en paz.” Demandó Louis, apretando los respaldos del sillón.

Solo faltaban 10 min.

“No lo haré jamás… hasta que pierdas la vida. Solo así yo, y los montones de inocentes que has asesinado podremos tener paz.”

Aquello hizo que Louis sonriera. “los montones” Se puso de pie lentamente, aún con la mueca de gracia en el rostro. Se dirigió a la ventana y se apoyó del marco. Mientras que la luz de la luna le tocaba el rostro y le aceleraba el corazón todavía más, Louis bajo la vista para ver a los “montones” de inocentes que Eddy había mencionado, parados frente a su casa y abarcando toda la calle en silenciosa contemplación. Sus ojos blancos con la mirada vacua estaban fijos en él. Todos aparecían allí por la misma razón de Eddy…

Para atormentarlo.

5 minutos…

Jamás iba a suicidarse… Louis no se resistía a abandonar el éxtasis, el estado de embriagues en el que se sumergía cada vez que su lado salvaje tomaba posesión de él. Al principio le había horrorizado, traumado… pero luego de descubrir el vigor con el que despertaba luego, la fuerza… sus sentidos agudizados... lo bien que se sentía cada vez que la niebla de la sangre se disipaba, supo que convertirse en la Bestia era algo que ya jamás podría abandonar.

1 minuto…

No importaba si su alma era condenada… o millones de almas sin descanso se agolparan frente a su casa.

“ya es hora.” Susurró Louis, sintiendo el cambio producirse desde su interior.

Eddy meneó la cabeza con decepción mientras que la transformación se iba dando paso en la sala de estar de la casa de Louis. El reloj carillón retumbó marcando las dice de manera incesante, ahogando el dolor placentero que sentía Louis a medida que su cuerpo convulsionaba y cambiaba.

Sus ojos café oscuro se tornaron dorados, animalisticos. Su rostro se contrajo y luego se alargó con gran dolor, achatándose para convertirse en un hocico. Una maraña de pelo negro como el Ebano surgió de cada poro para cubrir el cuerpo de Louis. Sus manos se volvieron garras…

Un aullido hizo eco bajo la hermosa luna llena…

La bestia estaba libre de nuevo.

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avatarRhydann bandera - Fecha: 14/03/2011, 02:27 hsme gusta (86)   no me gusta (92)

Venezolano... Un texto que sencillamente me mantuvo pendiente de ello. Es impresionante como relatas todo. Me gusta tu forma de escribir, tiene algún mínimo parecido con el mío, pero no llego tan lejos. Suerte =)


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