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por: autor palabra
Martes 16 de Octubre de 2018

El niño que no debió nacer, malvino - parte 1

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Categoría: Microrrelatos | Fecha: 26/03/2011
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El niño que no debió nacer ya había mostrado señales de no querer estar en este mundo. Cuando su madre lo llevaba en su vientre, a los cuatros meses, él quiso apurar su alumbramiento, no lo hizo por impaciente, ni por desesperación, lo hizo por que sabía que así sería más fácil morirse. Lo había escuchado de su padre cuando éste conversaba por teléfono con un algún amigo suyo.
El niño que no debió nacer, contra todo pronostico nació en diciembre, y no en abril como él lo deseaba. Nació de tarde y en verano y eso provocó que estuviera molesto cuando el doctor lo trajo al mundo, entre los alaridos de su madre – quien ya había pasado por este martirio, pero sin suerte, pues su primer niño había muerto semanas después de nacer- y la mirada extraña de los enfermeros, quienes se sorprendían al ver al recién nacido con las cejas fruncidas en clara señal de molestia y sin producir ruido alguno, como los niños normales.
El niño que no debió nacer vino al mundo de día y no de noche, o mejor aún de madrugada, el destino le castigó haciéndole ver la luz del día y sentir el calor de esos años, en donde el verano quemaba a rabiar. Pero también fueron sus padres quienes sin saberlo –o a sabiendas- terminaron por hacerle inolvidable, por decir lo menos, el día de nacimiento al bautizarlo con el nombre de Malvino-en honor a algún bisabuelo-.
El niño que no debió nacer, pasó una niñez y adolescencia amarga, pues su padre lo inscribió en un colegio militar-religioso, y fue en esos años donde descubrió dos de las cosas que más odiaría: la religión y la severidad. La religión, quien era representada por sus profesoras, eran ellas las que lo obligaban a asistir a misa todos los domingos, y la severidad del director e instructores, quienes se encargaron de que los años de infancia y adolescencia, fueran como los de un cuartel, haciéndole sentir en ocasiones un reservista de guerra.
Y empezó a odiar la religión y la severidad, no sólo por los entrenamientos y la preparación espiritual, sino también porque le quitó la posibilidad de divertirse con sus amigos en las tardes, en que los demás descansaban, pues su padre, quería que él fuese un militar destacado, y tenía que ensayar en las tardes para desfilar con elegancia, lo cual era muy difícil, pues Malvino, muchas ganas no le ponía, y por más que ensayaba, sus instructores no podían lograr lo que el padre quería, provocando esto una exasperación en él.
Fue cuando Malvino cumplió dieciocho años, que se reveló contra la religión que le habían impuesto, pues aseguraba que todo lo que durante años había escuchado en la escuela, era pura “palabrería barata”, como la de los abogados. También a los dieciocho años, cuando acabó la escuela, Malvino quiso descansar y no trabajar, como se lo insistía su padre, quien era en esto muy exigente, más que su madre, pues ella estaba contenta con tener a su hijo en casa. Malvino quería recuperar el tiempo que había perdido, jugar con sus compañeros -de quienes sabía pocas cosas, pues siempre tenía que estar estudiando, ensayando, o asistiendo a misa- asistir a los cumpleaños, reuniones, salidas, borracheras, escapadas.
El niño que no debió nacer, Malvino, solía caminar por horas a diario, caminaba y observaba a las personas que transitaban, las veía a los ojos, pero ellos no a él. Le gustaba la playa y se iba a caminar a ella a diario, se sentaba en la arena a ver las olas y disfrutaba con el vaivén que producían, eso lo tranquilizaba, no había nada aparte de la música y el mar, para tranquilizarlo.
Malvino, en algún momento quiso ser futbolista, cuando era más chico, se lo contó a su padre, pero éste no quiso, aduciendo que era un desperdicio dedicar su vida a ese deporte, el chico aceptó, pues en ese momento la sapiencia de su padre, estaba por encima de todo. Luego quiso ser músico, como algunos amigos suyos, quienes tenían un grupo formado de música rock, Malvino volvió a contárselo a su padre, esta vez con un poco más de ilusión que al principio, y su padre fue nuevamente tajante en que no permitiría que su hijo, pierda el tiempo de esa forma, Malvino no dijo nada y obedeció lo que su padre le indicó y se prometió a si mismo no contarle nunca más a nadie sus deseos.
Y así fue pasando el tiempo, el niño fue creciendo y olvidando sus deseos de infancia, y fue creciendo, deseando ser pronto adulto, y hacer las cosas que no había podido realizar, deseando que el tiempo corriera muy deprisa. Y fue creciendo pero guardando sentimientos buenos y malos, fue creciendo odiando su nombre, su color de piel, empezó a perder la paciencia, y a descubrir al amargura y el enojo, a enojarse por la comida, por el día, por la noche, por sus padres, por sus miedos, por sus anhelos, que le empezaban a sentir lejanos e imposibles, y comenzó a desquitarse con su amigos, descubrió la ironía y la puso en práctica con quien se le cruzaba, nadie entendía lo que le pasaba, ni sus amigos , ni sus padres, incluso llegaron a pensar que tenía mal de amores o estrés, e ignoraban lo que por dentro se ocultaba, Malvino ya no era el mismo y no lo sería nunca....(continúa)


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avatarNatalia bandera - Fecha: 15/04/2011, 19:20 hsme gusta (166)   no me gusta (173)

Interesante relato, te parece ver lo que se cuenta.Lograste que uno se ponga del lado del pobre niño del principio, para ver cuando es casi adulto que el esta dejando que sus ideas propias se diluyan y echa la culpa al mundo Veremos como sigue
avatardorianesso bandera - Fecha: 31/03/2011, 00:04 hsme gusta (183)   no me gusta (178)

Gracias..a pesar que no lo han leido muchos que bueno que te ha gustado..es gratificante
avatarnine201060 bandera - Fecha: 31/03/2011, 00:02 hsme gusta (172)   no me gusta (198)

Que buena historia...
avatarBluewords bandera - Fecha: 27/03/2011, 13:10 hsme gusta (161)   no me gusta (176)

Me atrapó!! Qué le deparará el destino a Malvino..??!! Saludos.


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  • dorianesso  bandera
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