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Lunes 15 de Octubre de 2018

El juego del antifaz cap.2

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Categoría: Cuentos | Fecha: 13/02/2012
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-capítulo segundo-



El viaje se esta haciendo muy largo, mi acompañante esta completamente dormido sobre mi hombro izquierdo, mientras tanto, yo solo pienso en mis compañeros, aquellos que murieron, aquellos que vi morir, los estupendos, así los llamaba, tenía una gran admiración por ellos…aquellos héroes de la guerra.
Mi madre, antes que me vaya, me dijo que a la hora de regresar iba a sentir que mi vida comenzaría de vuelta, o al menos otro capítulo de ella conocería. Yo lo había tomado como una advertencia y no me equivoque en verlo de esa manera. En este momento siento eso, siento que otra vida comienza, mientras observo Las nubes por la ventanilla del avión, solo pienso, pienso en ella, en verdad la extrañaba, seguro que Thelma también lo hacía; y aunque suene un poco alocado, la extraño mas que a mi madre y a mi hermana, siempre tuve un amor por mi hermana que jamás tuve con nadie, hasta que llegó Thelma claro, Thelma fue otro capítulo en mi vida, uno muy bueno afortunadamente. También sentí al conocerla que mi vida comenzaba de nuevo, no se si sentir ese tipo de cosas es normal, pero a mi me satisfacen. Estoy conforme.

- Francisco, basta de pensar, atención.

Walter es mi mejor amigo, o mejor dicho, mi mejor compañero, por cierto, él es el que esta sentado junto a mí, y acaba de decirme que deje de pensar o al menos eso escuché, es increíble, sabía que estaba pensando y puedo asegurarles que también sabía en que, él me conoce como nadie, y siempre estuvo a mi lado durante el combate. Él me aviso que ya habíamos aterrizado, y no fue difícil comprobarlo. Se escuchaban los gritos, chiflidos y aplausos de la gente allá afuera, la gente fiel, nuestra gente.
Había llegado nuestro momento, Walter y yo fuimos los últimos en bajar del avión, con lo cual la gente no nos dio mucha atención, ya que estaban entretenidos saludando y reencontrándose con sus familiares y amigos. No hubo tiempo para despedidas entre unos y otros, solo la emoción de ver las sonrisas pintadas en la piel de toda esa gente, hacía que cada uno se fuera contento por la sagrada razón de estar vivo y de vuelta a casa. Así que recogí mi maletín, lo sostuve por un momento, mientras miraba hacia todos lados con una mirada perdida. Era obvio que la estaba buscando a ella, pero no la encontraba, no podía distinguirla entre toda esa gente.
Finalmente todos se fueron, Walter ya se había despedido de mí, esa fue mi primera lágrima derramada de esta nueva vida. Por un momento sentí vergüenza de mi mismo por llorar por un hombre, me sentí como un marica, pero enseguida, Walter me dijo una frase muy bella que me hizo recapacitar, me dijo: no pienses que estas llorando por un hombre, piensa que estas llorando por un amigo, y eso, solo te hace más héroe y más hombre de lo que eres. Y esas fueron las últimas palabras de Walter.
Mi maletín ya me estaba pesando así que lo dejé sobre el asfalto. Ya no quedaba nadie en la Terminal, estaba yo sólo y desilusionado ya que nadie había ido a recibirme. Tomé el primer taxi que vi con las pocas monedas que aún tenía y regresé a mi hogar, estaba ancioso por ver a mi familia; yo soy de fantasear, y en ese momento pensaba que me estaban esperando con una sorpresa enorme.
Durante el viaje, observaba las calles, los árboles, la gente caminando y paseando, observé como interactuaba la gente, una pareja peleándose, una madre besando a su hijo y muchas otras cosas cotidianas que extrañé estando en las islas Malvinas.

Cuando llegué a casa, todo fue distinto, impregnaba un silencio atormentador y misterioso que no me caía nada bien, ya no se sentía el olor del ciruelo del patio de casa, ni un ruido se escuchaba siquiera. Solo vi la casa, mi casa, igual que la última vez. Aún estaba en el porche, la planta de aloe vera que una vez le regale a mamá. Entré a mi casa pero no había nadie, al principio fantaseé con que estaban todos escondidos detrás de los sillones de pana, y que en algún momento todos iban a salir gritando: BIENVENIDO, pero no fue así. Nadie me esperaba esta vez, las luces estaban apagadas y, sólo en un rincón de la sala de estar, se alcanzaba a ver un papel que flameaba por el viento que provenía de la ventana del living. Era una nota de mamá.


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