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Sábado 18 de Noviembre de 2017

El dia de un hombre muy alegre

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Categoría: Ensayos | Fecha: 05/03/2016
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El dia de un hombre muy alegre
Juan Alegre hoy está más contento que nunca. Siempre se levanta de muy buen humor cuando es viernes. Como todos los años ese viernes previo a comenzar las vacaciones, para su novia y él, tienen un saber especial.
Juan tiene cinco años de noviazgo Siempre está alegre y de buen humor. No ha madurado, por eso, tal vez conserve la jovialidad. El próximo año, Marisa, le dio un ultimátum. Tienen por lo menos que ir a vivirse juntos ya que no se decide una buena vez por todas a casar.

Juan se enoja, un poquito, cuando le digo que quizá sea siempre alegre, porque todavía no se decidió a convivir. No soy buen consejero pero, en mi opinión, la convivencia se transforma en rutina y aplasta.

Cerveza de por medio, hemos discrepado acaloradamente, pero siempre respetamos la idea del otro y eso nos permite ser amigo.

Les quiero contar como fue el día de hoy de Juan.

Tiene un despertador digital que llega la seis de la mañana y en el silencio de repente resucita y toma vida un gallo. Empieza a gritar, esquizofrénicamente, que hasta los vecinos lo odian . Aclaro no al gallo sino al dueño de esa máquina destructora de sueños.

La primera noche que Marisa se quedo a dormir, Juan le sacó las pilas al despertador. La anterior a Marisa, fue un idilio muy fugaz. Se conocieron un viernes a la noche, intimaron el sábado a la madrugada. La señorita en cuestión profundamente dormida cuando lo escucho al gallo de marras, pensó que estaba en la chacra de su tío, buscó la chancleta, embocó al gallo, le gritó descerebrado a Juan y de un portazo huyo espantada.
Algunos vecinos ganaron con esa pelea porque la mina estaba tan indignada, que dejó como recuerdo algunas prendas íntimas en lo de Juan

Juan es oficinista de una empresa que comercializa celulares. Apenas arrancó en Argentina, la telefonía móvil, empezó como cadete, fue ascendiendo y hoy es jefe de ventas. A medida que subia, su economía iba cambiando pero nunca perdió su alegría.
De cadete, iba en ojotas y bermudas al trabajo. Sus funciones de cadeteria le exigían traje de saco y corbata. Fuera invierno o verano. Prefirieron ascenderlo antes que cambiarle el uniforme. Al principio hacía gala con las chicas, pero cando cumplió cinco años en la Empresa, Juan no lucía bien, era más bien un indio en la campaña del desierto. El traje tenía más hilachas que tela y los botones hacía mucho tiempo se habían perdido.

Juan era un estoico cadete. Había soportado, fuertes tormentas, dando cumplimiento de su deber. Los más afectados fueron los botones del traje de Juan, indefectiblemente fueron cayéndose por las alcantarillas.

Un buen día llegó a jefe de ventas. Hoy va de elegante sport, se toma algunos permitidos como café antes de entrar y periódicamente si alguna venta fue exitosa como para auto premiarseaa se va a casa cantando, extiende la mano y se toma un taxi.

Este viernes ya tiene todo arreglado con Marisa. Encontrarse en Retiro. Se toma dos semanas y vuelve a su pueblito natal. Se siente feliz porque la abuela otro año, que lo espera. Está enferma, pero por su nieto, saca fuerzas de donde no las hay.

Una vez le pregunté porque era tan alegre. Al principio me anduvo con evasivas. Pero ahí fue la vez que se puso serio y me dijo. Hermano vengo de un pueblo muy humilde, mi infancia no fue feliz, comía salteado, mi padre lo único que abrazaba era a la bebida. Mi presente es gracias a mi maestra rural. Se llama Celia. Ella fue mi segunda madre. Es pelirroja, bajita, su alegría invadía la escuela hasta que se jubiló. Tarea ímproba la de Celia de convencer a los padres, que la única alegría cuando fuéramos más grande, era recordar lo que habíamos aprendido en la la escuela. Luchaba como una amazona para que no quedásemos sumergidos en la ignorancia.

La vida es un camino, con plazos, hay tiempos tristes que prefiero olvidar. Tengo que apurarme, y lo que resta de mi tiempo quiero enseñar como hizo Celia que a pesar de todo se puede vivir alegre.



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