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Miércoles 23 de Agosto de 2017

Recuerdos capitulo 2

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Categoría: Novelas | Fecha: 28/06/2016
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Los firmes brazos del soldado bajaban a gran velocidad hacia el cuello del coronel. El sudor frío del guerrero se mezclaba con la gélida lluvia, lentamente los parpados de se iban cerrando.
De repente abrió los ojos y delante de él se extendía una gran pradera verde, en el centro de ella nacía un pequeño río que a medida que avanzaba por el cauce se iba haciendo más grande, en el se reflejaba un poderoso y reluciente sol que iluminaba todo el territorio. Por las extensas llanuras trotaban centenares de animales y el cielo estaba a rebosar de aves.
A lo lejos se divisaba una pequeña colina en la que reina un gran árbol. El tronco de aquel árbol era muy fuerte, sus raíces sobresalían por la pequeña colina y entre ellas vivan pequeños animalillos silvestres. Las macizas ramas zigzagueaban hasta oscurecer al reluciente astro, bajo el árbol nacía una gran sombra que oscurecía toda la colina.
Junto al tronco se encontraba una mujer de estatura media, su reluciente melena rubia iluminaba una pequeña parte del oscuro tronco, la joven muchacha vestía una larga toga que la envolvía sus pequeños pies, la prenda tenía varios colores fuertes pero el que más sobresalía era el rojo fuego. A media altura llevaba un cinturón de color aceitunado que le hacía juego con sus ojos.
El confundido sargento daba pequeños pasos hacia el arroyo, este se arrodillo a la orilla de este y vio reflejado en la cristalina agua su joven rostro. Al ver de nuevo su joven rostro este rompió a llorar, su cara parecía una cascada, las densas lagrimas se deslizaban por las duras mejillas hasta detenerse en una pequeña barba que bordeaba el mentón. Este se remango las mangas de la camisa y observo sus atléticos brazos, en ellos busco las heridas de la pasada contienda, pero no encontró nada, ningún arañazo ni ninguna cicatriz, hizo lo mismo en las piernas, pero de nuevo no encontró nada.
Senre se levantó, retrocedió unos pasos y desde aquella distancia vio su atlético cuerpo reflejado en las cristalinas aguas. Su nueva ropa era más colorida y alegre que la anterior, llevaba un chaleco verde oscuro de bajo de este llevaba una camisa blanca que resplandecía bajo la luz del sol, los pantalones eran oscuros como la noche al igual que sus botas.
Senre volvió a observar en el territorio en el que estaba:
- ¿de qué me suena a mí esto? -dijo extrañado
Cruzo el río y se dirigió hacia la colina, en ella había una preciosa mujer que bajaba lentamente por una pequeña ladera, sobre su delicado y rosado brazo se posaba una cesta de mimbre. Con unos pequeños pasos se acercaba al joven y desconcertado sargento:
-Idagar pensaba que nunca vendrías-dijo con una dulce sonrisa
- ¿perdona cómo me has llamado? -le pregunto sorprendido
-tú te llamas Idagar ¿no?
Al oír de nuevo aquel nombre retrocedió unos pasos, se sentó en una roca que había junto al río. La hermosa mujer le poso su delicada mano en el hombro:
- ¿Qué te pasa? -Idagar se llevó la mano al corazón y posteriormente a la cabeza.
-Idagar, Idagar, Idagar- repetía una y otra vez.
La hermosa mujer saco de su cesta una jarra de agua y se la ofreció al joven muchacho, este bebió de ella y acto seguido se la devolvió a la mujer. La joven muchacha se a parto un mechón de pelo que le acariciaba suavemente la cara:
- ¿Qué te ocurre Idagar? -Idagar se levantó de la roca y alzo la vista al cielo, al ver el reluciente astro recordó a su difunta esposa.
-hace mucho tiempo que no escuchaba ese nombre Idagar
- ¿me estas vacilando? -le pregunto absorta. De repente Idagar volvió a ver el rostro de la joven.
- ¡eres tú! -dijo sorprendido
-sí, soy Anna me conociste en la ceremonia del rey de Netregón
- ¿Qué rey?
-fue hace dos días enserio que no te acuerdas
-no, ¿Anna te puedo contar una cosa acerca de mí?
-claro-dijo con ojos cara melosos
Idagar se acercó a la joven muchacha, la cogió de las manos y cuando le iba a contar la verdad recordó que en este lugar dio su primer beso a su difunta esposa. Alzo su mirada hacia los ojos de la preciosa mujer, sus dedos se entrelazaron, se intercambiaron las miradas, el joven sargento caía lentamente en el en brujo de su mirada. Ambos jóvenes se inclinaban lentamente hacia delante, sus narices se tocaron y finalmente sus labios se unieron como dos gotas de agua.
Al separase ambos jóvenes se quedaron en silencio y paralizados durante unos minutos, Anna jugueteaba con un mechón de pelo que le caía por la cara, la vergüenza comenzaba dar sus primeros frutos en la joven chica. Mientras Idagar se mantenía firme y asustado después del beso, este se tocaba lentamente los húmedos labios:
-no puede ser es ella-dijo entre dientes
- ¿dices algo idi? - dijo ruborizada la joven chica.
-no Anna
-venga vamos a comer, ¿te parece bien si comemos aquí? -dijo entre risitas
-como tú quieras-respondió con una sonrisa
Cuando los dos jóvenes se disponían a sentarse para comer un nubarrón oscureció todo el territorio posteriormente los animales (mamíferos y aves) comenzaron a dar vueltas alrededor de ellos, el joven al ver lo que ocurría se levantó atemorizado y alzo la vista al oscuro cielo, del comenzaba a salir un tornado que descendía a gran velocidad hacia el territorio. El viento comenzó a soplar más fuerte y los animales giraban cada más rápido:
- ¡Anna debemos de irnos! - dijo alarmado
- ¿Por qué vamos a irnos si hace un día estupendo? - respondió con una sonrisa
- ¿Qué por qué? Preguntas ¿Qué porque debemos irnos? -dijo enfurecido, pero Anna respondió con una sonrisa agradable.
De repente el pequeño río se desbordo inundando todo el territorio, los animales formaron un torbellino que absorbía a gran velocidad la gélida agua del río, el pequeño torbellino de agua ascendía a gran velocidad hacia el tornado. Un viento huracanado fustigaba a las dos jóvenes, Idagar se agarró a una gran roca, pero aun así el fuerte viento le arrastraba. De repente los dos tronados se unieron, la velocidad del viento aumento. Las joviales manos del muchacho se iban resbalando hasta que al final le absorbieron los dos tronados:
-¡¡ANNA!!-grito atemorizado
Aquel grito se lo llevo el tornado al igual que al joven, Idagar iba dando tumbos por el espacio del tronado, a medida que iba avanzando el tornado por las diferentes comarcas del territorio iba perdiendo velocidad y altitud. Finalmente, el tornado se detuvo delante de una casa de la comarca Fasd, la vivienda estaba hecha de piedra arenisca, de las enormes piedras colgaba grandes lianas de musgo. En la entrada de la casa tenia forma de arco de medio punto, debajo de él se encontraba una gran puerta de roble macizo, en ella había una gran grieta por la que se podía ver el interior de la casa. A los laterales de la vivienda había cuatro ventanas, sus contraventanas tenían pequeños agujeros por el que pasaba pequeñas ráfagas de aire.
Idagar se levantó del cálido y húmedo suelo se dirigió hacia la antigua casa, al ver la gran puerta se detuvo en mitad de la calle:
-no puede ser- dijo sorprendido
La enorme puerta se iba abriendo lentamente acompañada del grujido de la madera, la oscuridad de la vivienda envolvía al joven soldado. El mal hedor de la casa era causado por el mal estado de las tablas y la humedad que había en el aire, las tablas del suelo estaban cubiertas por una mota de polvo al igual que había en los muebles. En el centro del oscuro pasillo había una lámpara de araña colgando del techo de ella colgaban muchos insectos.
Idagar iba avanzando por el oscuro pasillo, al final de este había una vieja escalera que conducía a los aposentos. El joven soldado se puso a subir por las escaleras, este se agarró a la posa manos al igual que al resto de la estancia estaba cubierta de polvo y por el pasaba algún insecto. Las escaleras crujían con cada paso que daba el guerrero sobre ella, una nube de polvo se elevaba sobre las mugrientas tablas de la escalera. Al final de estas había un estrecho pasillo que conducía a los tres aposentos que había en la estancia, del umbral de una de las puertas salía una tenue luz que iluminaba una pequeña parte del pasillo, tras la puerta se oían muchas voces, extrañado Idagar se acercó a la puerta. Giro el pomo lentamente las tablas de esta gruñían al ser despertadas, al abrirla vio un cúmulo de gente que le felicitaba, Idagar se fue abriendo paso hasta llegar al centro de la habitación donde se encontraba su esposa tendía en la cama junto a ella se encontraba un bebe en vuelto en una toalla blanca, el pequeño Leir jugueteaba con un pequeño cascabel. Idagar se acercó lentamente a la cama y al ver al bebe junto a su esposa este se quedó paralizado por unos instantes:
-es mi hijo- dijo con voz temblorosa
- ¡pues claro que es hijo tuyo! - le felicito un hombre corpulento dándole una palmadita en la espalda
Idagar cojio con cuidado a su hijo Retivir Leir, el pequeño Leir sonreía al ver a su padre, sus ojos eran azules como las olas que acarician las fuertes rocas de del acantilado:
-es precioso –dijo con ojos en enternecedores
-ha salido a su padre- dijo Anna con una sonrisa
La familia Leir y la Ruizar permanecían alegres en aquella inhóspita habitación, Idagar se acercó a la ventana, la abrió y desde ella enseñaba al mundo a su heredero:
- ¡este es mi hijo! - gritaba eufórico, volvió a introducir a su hijo al interior de la habitación.
-felicidades hijo- le dijo un hombre corpulento y canoso.
-gracias padre
-espero que este pequeño se convierte en un gran guerrero como su padre- decía orgulloso, su padre se acercó a él y sobrepaso su robusto brazo por los jóvenes hombres de su hijo- hijo ven un momento- le dijo susurrándole al oído.
Padre e hijo salieron de la habitación y se adentraron en el oscuro pasillo, el padre de Idagar encendió tres candelabros:
- ¿ocurre algo padre?
-hijo toma esto- el padre le lanzo una bolsa y dentro de ella contenía 3500R
- ¿Qué esto padre? -le pregunto absorto
-sé que no es mucho dinero, pero es todo lo que te puedo dar
-lo siento padre pero no lo puedo aceptar
- ¿Por qué?
-no puedo ver como yo vivo en esa casa tan grande y tú en esta tan vieja, ha sí que aceptare esta bolsa de dinero si tu vienes a vivir conmigo.
-voy anhelar esta casa- decía con un tono triste
Padre e hijo sonrieron y se fundieron en un cálido abrazo:
-me hará mucha ilusión como crece el pequeñín y además le poder enseñar el oficio de la carpintería, venga vamos a entrar que se estarán preguntando ¿Qué que estamos haciendo?
-ve entrando tú, que yo voy a dar un paseo por el jardín
-de acuerdo
Idagar bajo por las crujientes y polvorientas escaleras atravesó un viejo y oscuro pasillo, al final de este había una puerta recubierta de moho y polvo que conducía al jardín. Al abrir la puerta una frondosa enredadera le impedía salir al jardín, Idagar intento hacer un hueco entre las enredaderas con sus atléticos brazos, pero este no lo consiguió, retrocedió sobre sus pasos y antes de llegar a las escaleras giro a la derecha donde se encontraba la cocina y allí cogió un cuchillo y regreso a la entrada del jardín (donde podo las enredaderas)
El jardín estaba abandonado, la densa hierba tapaba un pequeño camino que conducía a un columpio que estaba al final de este, a su alrededor crecían fuertes y densos zarzales. Idagar avanzaba por el jardín con mucha cautela, apartaba la densa hierba con el cuchillo, con cada paso que daba golpea un trozo de metal que había tirado en el suelo o alguna piedra. El joven soldado improviso un sendero que le conducía al viejo columpio, el balancín se apoyaba sobre dos postes de hierro de los cuales uno de ellos estaba oxidado y el otro estaba un poco desgastado. El banco que componía el columpio estaba recubierto de verdín, algunas tablas que componían el banco estaban a grietadas incluso rotas, este se sujetaba sobre dos bueyes que se clavaban sobre el poste superior.
El joven soldado comprobó que los seguros del columpio estaban bien fijos y poco después se sentó en él, desde aquel lugar observaba el jardín mientras se balanceaba:
-no me puedo creer que aquí me crié yo
Idagar giro la cabeza hacia la derecha donde vio junto al zarzal un tronco de árbol, este al ver el tronco se echó a reír:
-no me puedo creer que al final lo haya cortado-alzo la mirada al cielo y cogió aire- nunca pensé que diría esto sobre esta casa, pero está hecha una ruina-un escalofrió recorrió la espalda-brrrrr ¡que frío hace de repente! Será mejor que vaya dentro.
Al levantarse del columpio una de las asas que sujetaba el columpio se soltó provocando que el columpio se inclinara hacia la izquierda y causando que Idagar se precipitara a un agujeró. Este se agarró a una raíz que sobresalía de la tierra hizo un esfuerzo por salir del agujero, pero en ese momento se derrumbó una parte del agujero provocando que cayera aún más en el profundo hoyo, el grito de Idagar fue silenciado por una corriente de aire. Poco a poco iba dejando atrás la luz del día y se adentraba en la oscuridad del agujero, mientras caía recordaba las palabras que le decía su padre “estoy muy orgullo de ti hijo”
Por una pequeña abertura de la tierra entraba una tenue luz que provenía de la superficie, el rayo de luz iluminaba el oscuro pozo y al joven soldado. De pronto el joven muchacho se detuvo en el frío y húmedo aire que había en el oscuro pozo, la cálida luz atraía lentamente al joven hacia la superficie, poco a poco la abertura se fue haciendo aún más grande y por aquel hueco iba saliendo Idagar.
La dorada luz cegó al joven muchacho, sus pupilas comenzaron a dilatarse y poco a poco comenzó a ver con mayor claridad. El misterioso túnel le trasporto a una casa de la comarca de Qued, la casa estaba hecha de piedra arenisca, en mitad de la fachada se encontraba un amplio portón que conducía al patio interior de la vivienda. A los laterales del portón se encontraba el escudo de la familia Leir, Idagar abrió el gran portón introduciéndose al interior de la vivienda. A la izquierda de este había una escalera que conducía a la vivienda, en el centro de la plaza había una pequeña fuente en ella jugueteaba un pequeño niño rubio con el agua:
-Retivir hijo mira quien ha venido- dijo una hermosa mujer desde el balcón interior
El joven Leir alzó la vista y vio en la entrada a su padre al verle este hecho a correr a los brazos de su padre:
-papi mira ven- dijo el pequeño con una dulce voz
- ¿Qué quieres que mire?
El pequeño Retivir condujo a su padre a la fuente donde le enseño como pescaba pequeños peces de colores, el joven padre alzo la vista hacia el balcón y allí encontró a su esposa Anna. Llevaba un vestido de color naranja, sus mangas se separaban en el antebrazo y volvían a unirse en la muñeca. La joven mujer llevaba un collar de piedras preciosas que acariciaban su firme pecho y realzaba su figura:
- ¿padre juegas al hat-ball?
-ahora juego contigo hijo, pero primero voy saludar a tu madre
Idagar subió las escaleras como un rayo y al final del balcón le esperaba su esposa, los dos enamorados recorrieron el balcón y se fundieron en un abrazo. Su amor brillaba como un resplandeciente sol en una tarde de verano, sus besos revoloteaban como dos pájaros volando entre un gran campo de cultivo:
-no me volveré a separar de ti- dijo Idagar melancólico
- ¿Qué dices cariño? Si llevábamos separados una hora-dijo entre una sonrisa
- ¿padre bajas? - se oyó una voz que provenía del patio
-anda baja que te está esperando el niño
-vale, pero luego voy a estar todo el día contigo y no me separare de ti ni un minuto
- anda ve con él, pesado
- ¿a ver hijo como se juega al hat-ball? -decía Idagar mientas bajaba por las escaleras
-padre el juego es muy fácil, tienes que golpear el balón con la mano y me lo tienes que devolver a mí y solo puede dar un bote-decía el pequeño Leir mientras botaba el balón.
Padre e hijo jugaban al hat-ball en una cálida tarde de verano, Retivir le envío un balón a su padre revotado de la pared, el balón boto en el campo de Idagar y este se le devolvió con mayor fuerza. La pelota cogió un efecto hacia la derecha dando al padre el primer punto del partido:
- ¡toma 1-0! te gano hijo-grito el padre eufórico- ¿a cuántos puntos se juega?
-al mejor de tres, padre-respondió el hijo
Retivir iniciaba el segundo punto del partido, el balón sobre paso la cabeza de su padre, este salto hacia atrás y lanzó el balón a la otra parte del campo, la pelota volaba con mucha lentitud hacia el campo contrario. Finalmente, el balón fue rematado por su hijo que igualo el encuentro:
-he derribado a padre yuujuuu-gritaba eufórico
-a hora vas a ver a quien derriba tú padre
- ¿eh?
Idagar se levantó de un salto y se abalanzo sobre su propio hijo, padre e hijo se revolcaban por el suelo del patio entre risas y carcajadas. Desde el balcón Anna veía como se lo pasaban los dos, de pronto irrumpió en la casa el padre de Idagar:
- ¡nos atacan los nogros! ¡rápido hijo pon a salvo a tu esposa y a tu hijo! -gritaba alertando a la familia
Padre e hijo se levantaron del suelo y miraron extrañados al abuelo Leir, este agitaba el brazo para que salieran de la casa. De repente comenzaron a oírse gritos de terror que alertaban a los habitantes de la comarca de los sanguinarios ataques de los nogros, los guerreros oscuros demolían las casas lanzando grandes rocas. Los ciudadanos de la comarca Qued se escondían en sus casas y el terror albergaba en sus corazones, los nogros asaltaban las casas y secuestraban a las mujeres de cada familia.
Idagar vislumbro a lo lejos una densa nube de humo que se extendía desde el centro del pueblo hasta las a fueras de este, las grandes rocas colisionaban contra las casas saltando en pedazos las casas. Los casquetes de las casas caían en el patio de la familia Leir, Idagar asustado por los acontecimientos sucedidos cogió a su hijo y aviso a su esposa. Anna al ver el humo que salía de las casas se puso a recorrer el balcón lo más rápido que podía, los volantes de su vestido le impedían ir más rápido, de pronto la joven mujer se tropezó con el vestido quedo tendida en el frío suelo del balcón. Idagar soltó la mano a su hijo y partió a socorrer a su mujer, de pronto una enorme roca sobre voló las cabezas de los tres varones:
- ¡IDAGAR, NOOO! -le gritaba su padre
De repente la gran roca colisiono con la casa, la fachada de la vivienda se vino abajo al igual que el tejado. La gran roca ocupaba la mayor parte de la plaza, la fuente quedo reducido a escombros en un charco de agua que humedecía la pequeña plaza.
La onda expansiva del impacto arrojo a Idagar a diez metros de la escalera, este se levantó con cuidado y se sacudió el polvo de los escombros. Idagar no podía apartar la mirada del accidente causo por un ataque nogro, este se fue acercando dando pequeños pasos hacia los escombros. Idagar se puso de rodillas en el polvoriento suelo y comenzó a retinar escombros. La vena del cuello aumentaba con cada pedrusco que apartaba, sus ojos se le salían de las órbitas, el odio y el sufrimiento se apoderaron de él. A lo lejos una mirada lúgubre y triste observaba al joven soldado como buscaba con ansiedad el cuerpo de su esposa:
-hijo déjalo- dijo con angustia
-no puedo dejarlo- respondió Idagar lamentándose por la muerte de su esposa.

Su dolor era como un veneno que penetraba lentamente en los vasos sanguíneos del joven soldado, con cada piedra que sustraía el color de su piel paso de un color blanquecino a un rojo intenso. Los robustos brazos del joven guerrero retiraron una gran roca bañada en sangre, la sangre rociaba las mugrientas manos de Idagar, poso la roca junto a un pequeño charco y acto seguido arranco un pequeño canto que estaba ensamblada a una gran piedra. Este tiro fuerte de la pequeña piedra y finalmente consiguió quitarla, al retirarla un pequeño regato de color escarlata salía por una estrecha grieta.
Al ver el río de sangre noto como el corazón se le rompía en mil pedazos, Idagar se sentó encima de los cascotes y allí rompió a llorar:
-hijo lo siento mucho-dijo el padre con los ojos vidriosos
- padre ¿Dónde esta madre? -decía el pequeño Retivir mientras se acercaba a su padre
- ¡padre apártelo de aquí! - grito Idagar
El joven Leir se inclinó hacia un costado y vio el charco de sangre que se extendía bajo los pies de su padre:
- ¡madre no por favor!
Una semana después. La familia Leir se aposento durante unos días en la casa de los Ruizar, tras los continuos ataques nogros en la comarca de Qued.
En la vieja y oscura vivienda los familiares de Anna se lamentaban por su pérdida iluminados por la cálida luz que desprendía la chimenea, los cinco miembros de la familia permanecieron inmóviles causado por un profundo dolor. Sentados en sus sillones recubiertos de piel observaban con mucho esmero al pequeño jugar con un caballito de madera y pensar que crecerá sin su madre:
-discúlpeme- dijo Idagar al abandonar la sala. El padre de Idagar lo miro con preocupación al abandonar la sala, este giro la cabeza hacia sus suegros.
-disculpad le, esta dolorida por la pérdida de su esposa. Voy ver que te tal esta
El Anciano Leir abandono la sala preocupado por su hijo, subió las polvorientas y chirriantes escaleras, atravesó el oscuro pasillo donde le condujo a una habitación iluminada por una tenue luz. De ella salía un extraño ruido metálico, el abuelo Leir daba pequeños pasos hacia la habitación. Giro el polvoriento pomo de la puerta, las oxidadas bisagras hacían un ruido insoportable y poco a poco el duro pórtico se fue abriendo por completo.
Tras la robusta puerta había trozos de acero que obstaculizaban el paso, el tálamo estaba cubierto por armas que estaban romos. Junto a la cama se encontraba el joven guerrero afilando una de sus múltiples espadas, desde la puerta unos ojos azulados le observaban con inquietud:
- ¿Qué estás haciendo?
-no lo estás viendo-le respondió disgustado
El padre de Idagar apartaba con cuidado los numerosos fragmentos de la armadura que estaban desperdigadas por la estancia:
-hijo sé que estas dolorido por la muerte de tu esposa, pero no es motivo de hacer una cacería
- ¿ha no? -pregunto incrédulo-padre usted también perdió a su esposa y ella murió enferma, por suerte madre murió cuando yo cumplí la mayoría de edad.
- ¿y qué me quieres decir con eso? -pregunto angustiado
-quiero decirte que tengo buenos recuerdos de madre, pero mi hijo de cuatro años no tendrá ningún recuerdo de ella y por el dolor y sufrimiento que nos han acusado vengare su muerte y con o sin tu aprobación iré de cacería, como dices tú.
Idagar término de afilar las ultimas armas que le quedaban y las introdujo en sus respectivas fundas, tenso la cuerda del arco y le coloco encima de la cama. Se levantó del sillón y se dirigió hacia la puerta coloco los fragmentos de la armadura encima de una pequeña mesa que había junto a la ventana:
- ¿padre vas ayudarme?
-no, ponte tu solo la armadura de tu muerte-al decir esas palabras el viejo Leir abandono la habitación con un portazo, Idagar se quedó inmóvil en el centro de la sala tras la actuación de su padre.
La familia Ruizar seguía inmóvil ante el fuego candente que desprendía la chimenea, de pronto oyeron un ruido metálico que procedía de la escalera. Los tres ancianos que residían en la estancia se levantaron alarmados al oír aquel ruido insoportable, se acercaron a la escalera y allí vieron bajar a Idagar vestido con la armadura del ejército Mondragón:
- ¿Qué haces así? - le pregunto su suegro atónito
-voy a vengar la muerte de su hija
-Idagar es muy arriesgado- le dijo el viejo Ruizar
-es lo único que puedo hacer
-no, lo que puedes hacer es quedarte aquí con nosotros- le dijo la abuela Ruizar
- y seguir lamentándome por la muerte de mi esposa, ni lo penséis. Voy a vengar la muerte de mi mujer
- es muy arriesgado, ¿has pensado en tú hijo? - le pregunto la señora Ruizar
-sí, ha pensado en él. Por eso lo va hacer-respondió el padre de Idagar.
- ¿no vas hacer nada por impedírselo? - le pregunto sorprendida la anciana Ruizar
-no-respondió muy convencido
El padre de Idagar dio de lado a sus consuegros y se dirigió a su hijo:
-hijo mío ten cuidado hay fuera
-lo tendré
-hijo quiero que te quedes con mi corcel
-no puedo aceptarlo
-acepta este regalo que podría ser el último que te dé- en ese momento su rostro se oscureció
-aceptare este regalo si tú cuidaras de mi hijo
-de acuerdo
-padre despídete de mi hijo por mí no quiero darle un disgusto-poco a poco su rostro se entristeció
-claro que sí, dame un abrazo hijo mío
Padre e hijo se fundieron en un fuerte a brazo que significaba una despedida. Poco después Idagar se dirigió al establo a ensillar al corcel que le había prestado su padre, el caballo era negro como la noche sus crines brillaban bajo la luz de la luna. El joven guerrero se subió al alto y robusto caballo con el que emprendería su viaje, se pasó lentamente por la puerta de la vivienda y allí se encontraba su padre, sus suegros y su hijo, su padre salió en su camino y le dijo:
-hijo recuerda estas palabras tú eres Idagar Leir nunca lo olvides, sí te olvidas de tu identidad estas perdido y puede que te conviertas en uno de ellos
-tranquilo padre volveré y no olvidare mi nombre-respondió con una sonrisa
De repente una oscura nube cubrió la resplandeciente luna y la oscuridad envolvió la pequeña comarca, de pronto un rayo lo ilumino el oscuro cielo y poco después comenzó a llover. El joven guerrero se alejaba entre la espesura del bosque.
La densa lluvia caía lentamente por la armadura del guerrero caído, la sangre se mezclaba con la gélida agua que se precipitaba desde el cielo nocturno. De pronto una espada se alzó al cielo nocturno, el oscuro guerrero descendió sus robustos brazos hacia el cuello de su enemigo:
- ¡MUERE SENRE! - grito el guerrero nogro
- ¡MI NOMBRE ES IDAGAR LEIR! - grito el guerrero que yacía en el suelo
En ese momento el guerrero humano recordó quien era, rodó contra su enemigo provocando que este cayera al frío suelo, Idagar se levantó con cuidado debido a la herida que tenía en la pierna derecha. El guerrero se levantó como un rayo y se dirigió hacia su enemigo, el nogro le asesto un de rechazo en el costado izquierdo y este volvió a caer al frió suelo. Con pasos firmes el guerrero nogro se volvió a dirigir hacia su enemigo, recogió su espada y la volvió a envainar contra él:
-eres muy valiente humano, pero que pena que vayas a morir- decía el nogro con voz ronca
-Tiyu si me matas el general te matara a ti y no es cierto que el general me quiere con vida ¿verdad? -le dijo con un tono burlón
- ¡AHHAHH! Maldición –grito enfurecido el guerrero nogro
Descendió la espada y el balanceo de un lado a otro mientras maldecía la existencia del humano, en ese momento Idagar a provecho la ocasión y se abalanzo sobre él, los dos guerreros forcejearon en el húmedo suelo. Finalmente, Idagar le dio un puñetazo en el rostro y acto seguido le dio otro en el estómago, mientras yacía el guerrero oscuro en la fría superficie el sargento recogió la espada, dio unos pequeños pasos hacia el guerrero caído alzo la espada:
- ¡reúnete con tu hermano! -grito el sargento
Este envaino la espada y se alejó entre la espesura del bosque dejando en el tejado de la caverna el cuerpo del guerrero, en una clara del bosque iluminada por la luz plateada de la luna Idagar se detuvo alzo la mirada al cielo nocturno y en el brillante astro volvió a ver a su esposa fallecida que le sonreía desde el firmamento, este asintió desde la tierra y continuo su camino hacia la libertad.


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