¡Anunciá en Tuloescribes!      contacto Contacto      regístrate Registrate       iniciar sesión Iniciar sesión
Usuario:
Contraseña:
 
 Recordarme
 Olvidaste tu contraseña?
 Registrate >>

                    . : Comunidad de Literatura : .



por: autor palabra
Viernes 20 de Octubre de 2017

Lujuria

Usuario:
Contraseña:
 
 Recordarme
 Olvidaste tu contraseña?
 Registrate >>
Categoría: Cuentos | Fecha: 13/12/2016
Facebook
Bajar escrito en PDF    
Enviar por e-mail    
Imprimir escrito    
Agregar a Mi Biblioteca    


«Lujuria...conocida también como uno de los siete pecados capitales...aunque ciertamente que eso no era motivo de preocupación para Christopher y sus amigos. Demos un paseo por los laberintos de la mente...caminemos por los jardines de la imaginación... demos un breve paseo por la dimensión de lo inquietante».

Habían bebido mucho los tres, y sabían cuan imprudente resulta ponerse a la dirección de un vehículo en ese estado, pero a pesar de que el alcohol les había nublado un poco la mente, decidieron continuar la juerga nocturna.

- ¡Hemos bebido hasta desbordarnos! -dijo Christopher acelerando su BMW-. Ahora debemos buscar un poco de diversión.
- Siiiii...-gritaron sus compañeros. - Recorramos algunas calles, a ver qué hay.

Cerca de treinta minutos estuvieron dando vueltas con su coche, pero no encontraron lo que buscaban. En realidad, aquellos barrios estaban inundados de chicas cuyos orígenes y ofertas eran muy variados, al igual que los precios. Sin embargo, esta vez no era una cuestión de dinero.

- Vámonos de aquí -dijo uno de ellos-. Estas zorras me aburren.

Los muchachos buscaban, además de diversión, y por encima de ella, adrenalina. Y con aquellas mujeres, dispuestas a cumplir sus deseos, les hacían encontrar, en esa misma facilidad, el obstáculo a sus fantasías. Christopher entró en una avenida poco transitada. Varios minutos después, cuando pasaron ante una parada de buses, la vieron.

- ¿Vieron eso? - Claro que la ví, tío...Vuelve...vuelve...

El chofer no se hizo esperar, dio un giro al volante, tomó la senda opuesta, y regresó disminuyendo la velocidad a medida que se acercaba.

- Ay, ay, ay...miren eso...sí...

Sentada en la banqueta de la parada, una chica aguardaba el transporte. Su cabello era rubio, su edad entre veinte y veintinco años. Cuando vio el automóvil pareció ponerse nerviosa. Quizá se había dado cuenta de que era el mismo que unos momentos antes pasara delante de ella. Al principio no atinó a nada, pero cuando vio que el vehículo daba otro giro, se puso en pie.
Esto hizo que Christopher acelerara, pues sabían ellos que eso significaba que estaban a punto de perder su diversión. Cuando vio acercarse el auto, la joven comenzó a caminar en dirección opuesta. Ella y los muchachos, eran los únicos seres vivos que a esas horas transitaban el lugar. Apuró el paso, mirando sobre su hombro.
Pudo ver que los jóvenes habían descendido del vehículo. El corazón se agitó en su pecho. No fue difícil intuir lo que le aguardaba. Christopher y sus amigos avanzaron tras ella. Entre risas y zalamerías, le pedían que se detuviera. Sin hacerles caso, y con el sudor perlando su rostro, siguió caminando cada vez más veloz.
Cansados ya de palabrerías, los muchachos empezaron a correr para alcanzarla. Al sentir los pasos veloces, y sin mirar atrás, pues sabía qué significaba, ella también echó a correr.
Las zalamerías dieron paso, entre risotadas, a las palabras y promesas más obscenas. La chica no se detenía, estaba perdida si lo hacía tan sólo unas milésimas de segundo.

- ¿Por qué no traes el auto?, ¡imbécil!
- Ya es tarde para regresar por él. Debemos darle alcance. ¡Se nos escapa!

La chica dio vuelta en una esquina. Era un callejón, pero con salida al otro extremo. Los jóvenes se internaron en él. Se detuvieron un instante para respirar, y para observar el lugar, pues no la habían visto llegar hasta la salida, así que presumían que estaba escondida por allí. Otra vez las promesas, acompañadas con maldiciones e insultos.
Es verdad que querían adrenalina, pero aquello ya los estaba cansando. Sin embargo, no estaban dispuestos a perderla. Dividiéndose, miraron tras los contenedores de basura y otros objetos grandes. De pronto, ven una sombra. ¡Sí! Era la chica, que ahora se había convertido en su presa.

- ¡Vamos cariño, será sólo un ratito! ¡Ven, nena, ven!

Cuando intentaron rodearla, ella, con ágiles movimientos logró pasar la barrera humana y llegar hasta la salida del callejón. Dobló a la derecha y continuó corriendo. Con un poco más de aire en sus pulmones, la siguieron los tres. Corrieron dos calles, tomaron una transversal, y tres calles más. En ningún momento se preguntaban si aquello valía la pena. Cada vez más enardecidos por la frustración, decidieron no abandonar su objetivo. Con varios metros de ventaja, la vieron detenerse, fue un instante de duda, pero sólo eso: un instante. Atravesó el umbral de aquel lugar, que parecía ser su única escapatoria. Cuando los muchachos llegaron al sitio, ciertamente también dudaron un momento si continuar. Es que la chica había entrado... a un cementerio.

- ¿Qué hacemos? -interrogó uno.
- La perra cree que puede asustarnos, pero no lo logrará. Debemos ir por ella.
- No lo sé.
- ¿Qué? ¿Es que acaso te asusta? No puedo creer que seas tan tonto. Si nadie había que pudiera ayudarla en las calles, menos lo hay aquí, ¿no crees?
- Eso es verdad. - Entonces ¿qué esperamos? -les animó Christopher- Queríamos que esta noche fuera genial, dentro aguarda una hermosa zorra, ¡y vaya que eligió un lugar! Nunca lo hice en un cementerio. ¿Y tú?...¿Eh? -insistió entre risas, palmeando el hombro de su amigo-.
- No, yo tampoco -respondió...¡Tienes razón! ¡Vamos por ella!

Los tres atravesaron los grandes portones, y se internaron en el campo santo. No llevaban linternas, pero la luna bañaba de claridad el lugar.
Se dividieron para cubrir más terreno.
El cementerio no parecía ser muy grande, pero entre la ventaja que les llevaba, y los minutos que habían tardado en decidirse a entrar, le habían permitido a la chica buscar un buen lugar donde esconderse.
Comenzaron nuevamente con sus zalamerías, mezcladas con algunas risas y recurrentes obscenidades. Christopher restregaba sus manos, saboreando el placer que le causaba el recuerdo de la muchacha.
Su cabello rubio, su silueta...Sabía que sus compañeros renegarían, pero él era el jefe de la "banda", así que a él correspondía el mayor tiempo con ella. Sus mentes ya no estaban nubladas por el alcohol; ahora era un bombardeo de imágenes y sensaciones las que los subyugaban.

- ¡Ey!, muchachos -susurró- ¿no la han visto aún?
- ¡No! ¿Crees que habrá salido del cementerio por otro lugar.
- No me parece. El muro es alto, y aparentemente tiene un solo acceso. Tal vez...

Un pequeño ruido le impulsó a hacer silencio. Aguzaron sus oídos ante lo que pareció ser una pisada sobre una hojarasca. Sonó levemente, pero cerca. Miraron en derredor, y de pronto vieron una sombra trasladarse de unas lápidas a otras.

- ¡Es ella! Cuando la chica escuchó las voces, corrió tras unos árboles, pero ya había sido vista. Ahora sí estaba rodeada. Supo que había llegado el momento
- ¡Allí! ¡Allí! -exclamó uno de los amigos de Cristopher, señalando un viejo panteón.
- ¿Estás seguro? - Absolutamente. La vi entrar allí.
- ¡Vamos! -ordenó el muchacho adelantándose a ellos. La estúpida se encerró sola.

Se detuvo a las puertas del panteón para dar algunas instrucciones, hecho lo cual, ingresó primero, como líder que se sentía. La luna entraba por un ventanal cerca del techo. Pudieron ver cinco ataúdes, lo que indicaba que aquel era un panteón familiar.

- ¡Vamos, cariño! Sé buena chica. Tú también te divertirás -dijo Christopher, indicando a los otros que fueran por los lados.

Cuando pasaron entre los ataúdes, la vieron.
Estaba sentada en el suelo polvoriento, con sus brazos rodeando sus piernas y la cabeza metida en el regazo. Al acercarse, pudieron escuchar sus sollozos. Eso los excitó aún más.
Los ojos de los jóvenes estaban embebidos de lujuria. La adrenalina corría enloquecidamente por su sistema nervioso. Avanzaron unos pasos más y estiraron sus brazos para atenazar a su inocente presa...
...Pero no lo pudieron hacer.
Ya no sólo la adrenalina, sino su misma sangre se congeló en sus venas.
La chica del cabello rubio levantó su cabeza, pero su bello rostro había dado paso a la más tenebrosa de las criaturas.
Los ojos eran como brasas incandescentes, la piel de color ceniza, las manos como garras y de su boca...de su boca emergían dos grandes colmillos.
Los jóvenes no gritaron. No pudieron. El terror no se los permitió.
Los amigos de Christopher tampoco lograron correr, pues cuando intentaron alcanzar la salida, fueron detenidos por las tapas de los ataúdes que se abrieron bruscamente ante ellos.
De los oscuros cajones emergieron cinco espectros -es el mejor modo de describirlos- que interfirieron el paso de los muchachos. Entre alaridos de terror y murmullos, se vieron cubiertos por las sombras, que mordisqueaban sus cuerpos con frenesí.
La chica, que hasta minutos antes había sido la presa ansiada, intentó atrapar a Christopher, pero este logró escabullirse entre los ataúdes, e impotente para hacer nada por sus amigos, ganó la salida y se perdió entre las lápidas. Con el corazón saltando en su garganta, el sudor frío cubriendo su cara, los gritos de los muchachos pidiéndole ayuda como coro de fondo, y el pánico anidando en su mente, se parapetó tras unas tumbas, aguzando sus sentidos de cuando en cuando, tratando de descubrir si era seguido. Por varias horas se sintió perdido, pero no se atrevió a salir de su escondrijo.
Su cerebro se esforzaba por comprender, su raciocinio por negar aquello.
¡No era posible! ¿Cómo podía ser posible?

Al día siguiente, unos visitantes le encontraron tendido tras las lápidas. Alertada la guardia, esta llamó de inmediato una ambulancia. Trataron de que el chico les explicara por qué estaba allí. Las autoridades se encontraron en un aprieto, cuando el hallazgo del panteón. Dos cuerpos terriblemente mutilados de hombres jóvenes fueron encontrados en una esquina de la vieja construcción mortuoria.
Los investigadores dedujeron que aquellos tres muchachos habían intentado durante la noche profanar los ataúdes, pero por alguna razón desconocida, uno de ellos, motivado tal vez por el alcohol, dio espantosa muerte a sus compañeros. Esta teoría era avalada por la gran cantidad de sangre de sus amigos, en las ropas del sobreviviente. No se halló el arma homicida.
Aunque Christopher fue condenado a prisión perpetua por los asesinatos, la justicia determinó, luego de varios exámenes psicológicos, y si bien nunca ha explicado lo sucedido, pues no ha vuelto a hablar, su reclusión en un hospital psiquiátrico.
Su talante es siempre temeroso, no soporta la oscuridad y muchas noches los enfermeros se ven en la necesidad de darle un tranquilizante cuando comienza a gritar desaforadamente contra sombras y espectros, que por supuesto nadie ve, por mucho que él jure que están allí. Ante cada evaluación médica, los especialistas concuerdan en decir que probablemente acabe allí sus días.

© Derechos Reservados de Autor 2015


 Para otorgar puntos debes Iniciar sesión
Usuario:
Contraseña:
 
 Recordarme
 Olvidaste tu contraseña?
 Registrate >>
    Votos: 0
| Puntos: 0




Enviar comentario

mensaje
Para poder enviar tu comentario primero debes estar registrado e Iniciar sesión
Usuario:
Contraseña:
 
 Recordarme
 Olvidaste tu contraseña?
 Registrate >>
Mensaje:     
Por favor ingrese los números de la imágen inferior (*):

Visual CAPTCHA

 
 


Volver Volver | Subir Subir | Imprimir escrito [Imprimir] | Enviar por e-mail [Enviar por email]

Autor
avatar
  • g_rocha  bandera
  • Offline Hombre 
  • 1
    Publicaciones
  • 0
    Puntos
  • 0
    Comentarios



Condiciones de Uso y Publicación
 

ENCUÉNTRANOS     CONTÁCTANOS 

El uso de este sitio web implica la aceptacion de las Condiciones de uso y publicacion de Tuloescribes.com
www.soyaustral.com

Copyright © 2017 – Todos los derechos reservados - Sitio auditado por Google Analytics

diseño de sitios web autoadministrables y responsivos: useweb