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por: autor palabra
Viernes 28 de Abril de 2017

Transferencias intimas

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Categoría: Novelas | Fecha: 30/01/2017
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1

Nora,

De la manera más honesta necesito que no pienses mal de mí con esta historia.
Nunca le he regalado una historia mía a otra persona.
Te la mereces porque de cierta manera me inspiraste a crearla. Pero debes de saber que nada de lo escrito es cierto. Sólo es una dramatización de ciertas fantasías.

Esta es una historia que no te debe agradar.

Sí no estas dispuesta a leerla. Lo comprenderé sin la menor herida. En ese caso necesitare que me la des en cuanto puedas y te aseguro que la destruiré para que no quede tentación alguna.

Sí lo lees...perdóname por los siguientes capítulos.
Un capitulo por cada uno de tus veinte años.












2
Carmen y Julián
Sesión #58

"Ya sé que voy a ser de grande." Dijo Julián con fuerte convicción en su voz, sentado en el diván de su psicóloga.
Su psicóloga no dijo nada, para que Julián continúe.
"Quiero ser tan buen terapeuta como tú. Quiero ayudar a las personas como tú me has ayudado a mí. Bueno...si tan solo pudiera ayudar a una persona, estaré contento conmigo mismo."
A la psicóloga no le sorprendió mucho su comentario. Ella misma ha pensado que sería buen consejero por su gran habilidad con las personas. Sin mencionar que le salía carisma por las ojeras. Pero aun así le dio gusto que uno de sus pacientes después de varios años en crisis suicida pueda comentar sobre su futuro tan seguro de sí mismo.

Carmen el nombre de la psicóloga, ya era una mujer algo mayor. Pero se mueve con la gracia de una quinceañera.
Ella creció en una familia religiosamente muy conservadora. Esa misma familia le entrometió los deberes de la mujer antigua. Casarse joven y tener los hijos que su Dios le mande.
Carmen no era necesariamente rebelde en contra de la religión, pero desde muy joven comprendió que no era lo suyo.
En contra de sus progenitores, sin importarle las amenazas de abandono decidió estudiar psicología.
Y en verdad encontró una pasión por aprender acerca del sufrimiento humano y su motivación era ayudar a las personas que lo necesiten. No la mal entiendan como ambiciosa. Ella sería satisfecha con sólo ayudar a una persona. En verdad era una mujer muy profesional y cuidadosa.
Después de escuchar atentamente a su paciente decidió terminar la sesión. "Dejémoslo hasta aquí."

Carmen ha tratado con Julián poco menos de dos años. La primera sesión fue a los 16 años del paciente. Recuerda muy bien esa primera sesión.










3
Carmen y Julián
Primera Sesión

Su paciente nuevo se veía severamente desesperado. No podía hablar sin la voz quebrada, no podía detener la mirada en una sola cosa.

"Hola Julián." Dijo la psicóloga. "¿En qué piensas?"
"En que decir para no volver." Respondió el paciente.
"¿Por qué no querías venir?" Le pregunto sin la menor preocupación por la respuesta.
"Mis padres me obligaron a venir. No fue mi decisión."
"Tienes razón. No fue tu decisión venir. Pero es tu decisión aprovechar el tiempo que nos queda. ¿Por qué dices que tus padres te obligaron?"
"Ellos creen que sí vengó contigo mágicamente el problema desaparecerá."
"¿Qué problema?"
"Pues yo."
"¿Porque dices que eres un problema?"
“Es que este no soy yo...” Suspiro el paciente con la mirada caída.
“¿Por qué te han traído tus padres a verme?
"Porque dormí en un parque. No se sí dormí ahí. Pero desperté en el parque Lincoln. Era el parque a donde me llevaban mis padres cuando era muy niño. Ya se me había olvidado. No es la primera vez que me pasa. A veces no llego a mi casa. A veces pasan días sin que me dé cuenta de quién soy o donde vivo. Una vez me paso que deje de hablar. Es raro explicarlo, es como si lo olvidé...no más bien como nunca lo aprendí. A veces no me reconozco.”

“¿Sabes que sucede antes de todo esto? Pregunto con interés la psicóloga.

El paciente pensó un momento. “Escucho un niño que grita mi nombre. Volteo, pero no veo nada. Sólo recuerdo el grito. No era grito, era como un llanto. Llamándome. Llorando mí nombre.
“¿No sabes quién te llamo?
“No. Tal vez ¿fui yo quien grito? No. No sé. Es que este no soy yo. Me tengo que escapar, porque estar perdido, es la única manera de escapar.”









4

La psicóloga se asombró al ver a la madre de su paciente en la puerta de su consultorio más tarde ese mismo día.
En verdad no la conocía, excepto por los comentarios y llantos de Julián. Pero por la gran altura de ambos era muy obvio.
Parte del trabajo de un psicólogo es no dejarte llevar por las primeras impresiones. Intentó no caer a los prejuicios, pero en cuanto vio a la Señora Ferrero no tuvo de otra más que sucumbir a esos prejuicios.
En parte reconoció las descripciones de su hijo. Algo engreída y con una mirada de ostentosidad más claro que el agua aún con las gafas oscuras puestas. Le recordaba a alguien, pero no podía mencionar a quien. Eso la intimidó ya que era muy buena recordando nombres y caras.
En el largo momento en que las dos señoras adultas se percibían.
La señora Ferrero preguntó. "¿Carmen, podemos hablar? Le hubiera hablado por teléfono solo que no tengo su número. Es sobre Julián, mi hijo."
"Adelante." Menciono Carmen al sostener su mano de invitación hacia el consultorio privado. Es bastante común que los parientes tengan dudas sobre los tratamientos. Pero Carmen no hablaría de ellos por más que le rogaran. Ella solamente escucharía a los parientes de sus pacientes.
Carmen podía ver que la señora estaba nerviosa. Notaba que dejaba de repetir el movimiento como sí se lavará las manos. La señora se dio cuenta que veía sus manos y las detuvo. Se quitó las gafas oscuras. La psicóloga se asombró al ver a quién le recordaba esta señora. A su mismísima madre. No se parecían físicamente, era la presencia más que nada.
Mantuvieron un segundo de fuerte silencio.
"¿Se está acostando con mi hijo? Dijo la señora Ferrero con una voz gravemente acusatoria.
La psicóloga detuvo su respiración. "¿Disculpa?" Le respondió, más por reacción, no porque no le escucho. Sí no porque el involucrarse de esa manera con un paciente, en especial los que están vulnerables a recaer era absolutamente inconcebible para ella.
"Necesito saber sí se está acostando con mi hijo."
"Por supuesto que no. ¿Por qué me lo ha preguntado?"
La señora Ferrero volteó a ver el cuadro de la pared izquierda del consultorio. Ella era una amante del arte. Pero por alguna razón desconocida para ella, no le agradaba el que estaba observando en ese momento. Se dejó su comentario para ella sola.
"Por la manera que habla de usted. Sin mencionar lo que escribe en su diario."
"¿Su hijo escribe que nos acostamos en su diario?" La psicóloga pregunto.
"No. Pero deja claros sus deseos por usted en palabras."
"Le aseguró que no es así. Sí no le molesta contestarme, ¿por qué lee el diario de su hijo?

La señora Ferrero respiró profundamente. "Sus diarios. Tiene más que uno. A veces me lo pide y los deja tirados por toda la casa. Ya sabes cómo Julián no tiene vergüenza o culpa para decir lo que piensa. No tiene vergüenza de ninguna manera más bien."
Carmen tuvo que admitirlo. Desde qué trataba a Julián se dio cuenta de ello.
"Quiero que deje de atender a mi hijo." Dijo la señora Ferrero.

"No creo que sea apropiado terminar un tratamiento de esta manera señora." Contesto pacíficamente la psicóloga.
"Yo no le pregunte que creía. Le dije lo que yo quiero. De todos modos, la que va a dejar de pagar estas consultas soy yo."
La psicóloga no quiso continuar el inútil debate con la madre de su paciente. Al fin y al cabo, la decisión la debe de tomar el paciente.

Después de que la madre de su paciente se fuera de su consultorio, no podía dejar de pensar en su paciente y en su año de tratamiento. Luego pensó en sus otros pacientes. Pero más en Julián, casi intrusamente los próximos días.






















5
Carmen y Julián
Sesión #59

Una semana después en la próxima sesión de Julián. Carmen decidió mantener lejos de sus pensamientos la conversación con la madre de su paciente. Pensó que era lo profesionalmente adecuado. Ella era la psicóloga de Julián, no de la señora Ferrero. Lo único que le importaba era lo que le decía Julián.

La psicóloga veía a su paciente mirando al piso, no estaba mirando al piso específicamente. Tenía la vista perdida, claramente pensando en algo muy profundamente.
Decidió esperar unos minutos a su paciente, vio que no le decía nada y le pregunto: "¿En qué piensas Julián?"

"Estoy pensando..." Empezó a contestar, pero regreso al silencio. Que te necesito, Julián pensó. Pero no quería incomodar así que respondió con otro asunto que tenía pendiente. "En mi madre. En lo que te dijo mi madre."
Carmen se quedó callada.
"Sé que vino a verte." Dijo Julián. "Quiero saber por qué. ¿Qué te dijo? ¿Qué le dijiste?
Carmen empezó a ver el enojo creciendo de su paciente.
"Julián, no es buena idea comentar las otras consultas que hago a menos de que sean las tuyas."
"¡Eso no me interesa! Dime de que hablaron."
"Yo no puedo hablar de esto. ¿Porque no se lo preguntas a tu mama?"
"Ella no sabe que yo sé." Contesto Julián.
"¿Entonces cómo sabes que vino a verme?"
"Estaba en la calle afuera de tu consultorio esperando a tu marido."
De repente Julián se quedó callado, pero no de arrepentimiento por decir uno de sus pocos secretos.
Carmen se sintió un poco insegura pero no lo dejo ver. "¿Por qué lo esperabas?"
"Quería saber cómo es el. Tengo mucha curiosidad y nunca me lo has dicho sin importar las veces que te pregunto."
"Como te he comentado antes, estamos aquí para hablar de ti y de tu vida. No de la mía."
"Bueno. ¿Quieres hablar sobre mí?"
"Podemos hablar de muchas cosas. Hablar de ti es una de ellas." Respondió la psicóloga.
"Está bien. Hablemos de lo que mi madre te dijo sobre mí."
"Me hablo sobre tu diario." Carmen no estaba convencida sí era lo correcto decirle, pero no veía otra salida.
"¿Cuál? Es que tengo varios." contesto rápidamente el paciente.
"¿Porque no me has dicho sobre tus diarios?" Pregunto la psicóloga.
"Porque son míos. Y la mayoría de lo que escribo te lo digo. ¿Qué más te dijo la maldita de mi madre?"
"¿Porque le dices que es una maldita?"
"¡La odio!" Aumento su voz el paciente.
"Porque dices eso"
"¡Porqué ella me odia a mí! ¡Es una manipuladora! ¡Siempre me quiere controlar!"
Carmen estaba muy insegura de qué hacer con esta situación, pero decidió que seguir conversado era mejor opción que terminar la sesión. Es común que los pacientes se lleguen a alebrestar de vez en cuando. Ella siguió hablando. "También me dijo que ya no debo de atenderle."
Julián se quedó inmóvil. No podía creerlo. Su madre de nuevo le quita las pocas cosas que le dan serenidad a su caótica mente. “¿Y has decido no verme más?”
“Sera lo mejor. Puedo encontrar a alguien más para que no termines tu tratamiento.”
Julián respiro profundamente. Miro a Carmen directamente a los ojos.
Y se salió del consultorio. Nunca regreso.
























6
DÉCADAS de SILENCIO….

Los siguientes años fueron dos décadas discretas para Julián.
Cumplió lo que se prometió. No volvió al consultorio de Carmen o ningún otro.
Entro a la universidad del Estado, de los mejores de su clase, aunque algo solitario, decidió no tener distracciones en su carrera.
Termino la licenciatura de psicología, hizo su maestría en terapia a pacientes con estrés postraumático. Trabajo en el área de atención psicológica en el Hospital del Rosal.
Gracias a ello ha logrado cierta reputación como terapeuta.
Ahora a sus 38 años trabajado en su consultorio privado.
Ha hecho un verdadero esfuerzo para siempre mantener el interés por sus pacientes ante todo lo demás. Su meta seguía siendo la misma, quería ayudar a las personas con su trabajo al igual que Carmen lo ayudo a él.

























7
Julián y Nora
Tercera sesión

"Estoy harta de estar acostada viendo la pared blanca. Siento que estoy hablando sola." Nora le grito a su psicólogo.
Su psicólogo le dio un momento para que se pudiera calmar. "Párese." Le dijo. "Tú te sientas en mi silla y yo me acostare."
Nora tardó en reaccionar, pero se paró y sentó en la silla de su psicólogo. Le gusto. Mucho.
Desde ese entonces así eran sus sesiones. Ella sentada en la silla del psicólogo y el psicólogo acostado en el diván.
“Ahora comencemos.” Dijo el psicólogo.
Nora todavía estaba acostumbrándose al cambio de posiciones. Veía a su psicólogo sobre el divo, ojos cerrados con los brazos cruzados sobre su pecho. “¿Porque me llamas Nora?” Pregunto la paciente.
“Tú me dijiste que así te llamabas cuando nos conocimos. ¿Qué no?” Respondió el psicólogo.
“Si. Perdón. Eres la única persona que me llama Nora. Es que todos me llaman Nora, mis papas, mi novio, amigos…” Se le fue la voz antes de terminar. “Mi hermano me llamaba así.”
Julián abrió los ojos. Sin mirar a su paciente, recordaba algunas cosas sobre la primera sesión que tuvieron.


Julián y Nora
Primera Sesión


Nora tenía 17 años en la primera sesión. A Julián le llama la atención ver a una joven tan propia, con la mirada tan vacía de toda esperanza. Julián, ya era un profesional y estaba algo acostumbrado al ver esa mirada en varias personas. Pero vio algo diferente en su nueva paciente.

“Mi hermano...se mató. Hace varios meses, pero no lo puedo olvidar.” Dijo Nora con nudos en la garganta. “Y yo deje que lo hiciera.” Dejo salir el llanto y las lágrimas.

“¿Por qué crees eso?” Pregunto Julián.

“Se despidió de mi ese día.” La paciente contesto.




Julián y Nora
Novena Sesión

“Todo el dolor que sientes. Te lo puedo quitar. Pero necesito algo de tu parte.” Dijo el psicólogo a su paciente.
La paciente estaba sentada en la silla del psicólogo, sin decir nada.
“Necesito que confíes en mí. Vamos a intentar un nuevo tratamiento en el mundo de la psicología estudiado por la Academia donde estudie que mis tutores me han invitado a partir. Es un estilo nuevo de hipnosis, llamado Hipnosis Vigilar.”








Nora estaba preparada para ser libre. Nada podría detenerla. Finalmente, Julián aceptó amarla.
Esa noche fueron a comer tacos de pastor. Estaba extasiada con los sabores, antes prohibidos por su incrédula religión. Paso el resto de esa noche con fiebre y vomitando en el baño.
"Jamás volverá a comer carne."



Nora despertó sin saber en dónde estaba. Parecía estar en un parque. El cielo parecía estar amaneciendo. Tenía frío. Se levantó lentamente. Se preguntaba como habrá llegado mientras miraba a su alrededor. No reconocía este parque. Camino hacia la entrada, donde leyó Parque Lincoln.

“Julián…necesito hablar con alguien.” Nora decía.
Julián, no estaba contento con la idea que propuso su novia, no pensaba que era buena idea, que fuera con otro psicólogo que no sea él. Pero no podía atenderla en ese momento. Le decía que más tarde u otro día. Llego un día en que Nora ya no pudo más y busco a una nueva psicóloga, a espaldas de Julián.





Luna y Nora
Primera Sesión

“Lo único que recuerdo antes de despertar en el parque es escuchar a una niña que grita mi nombre. Volteo, pero no veo nada. Sólo recuerdo el grito. No era grito, era como un llanto. Llamándome. Llorando mí nombre.” Contaba Nora a la psicóloga de enfrente.
“¿No sabes quién te llamo? Pregunto la psicóloga de regreso.
“No. Tal vez ¿fui yo quien grito? No. No sé. Es que esta no soy yo.”
“Eso se podría llamar como una fuga.
“¿Me puedes contar sobre tu primer tratamiento psicológico?”
Nora pensó un momento. Luego dos momentos. No podía recordarlo. No podía recordar los dos años que estuvo bajo la consulta de Julián. Recordaba momentos. Pero no del todo. “Es que no me acuerdo muy bien.” Nora contesto.
La psicóloga pensó y decidió decir. “Podemos intentar una técnica diferente. Es un método que ha ayudado a muchos pacientes. Es un estilo nuevo de hipnosis, llamado Hipnosis Vigilar. ¿Has escuchado sobre el?”
Nora miro a la psicóloga confundida. “No. Nunca. ¿Cómo funciona?
"No es algo sencillo que digamos."
Nora se quedó interesada.
"Necesitamos revivir el trauma que tu psicólogo pasado te ayudo a superar."
Nora no lo dudo más que un momento y le pidió comenzar.


"Uno...dos...tres. Nora." Dijeron al mismo tiempo.

El día que su hermano se despidió y se mató.



Nora tiene una fuga donde su consciente se regresa a su infancia.
La niña de Nora le habla a Nora grande.






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