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por: autor palabra
Domingo 24 de Septiembre de 2017

Cobardía

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Categoría: Cuentos | Fecha: 07/04/2017
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Cap. 1
Las Bolas de Corbata.
Había que aprovechar el momento, El partido por los momentos era legal. Un pequeño respiro para las futuras confrontaciones. Ya estaba legal el PRV ,aunque ya todos decían que se llamaría Acción Democrática. Hasta los maricos de las clases altas estaban estructurando un partido socialcristiano compuesto de niñas lindas, viejas beatas y esos mismos mariquitos de sociedad de la Salle, para defender los intereses de la burguesía..
Eso cavilaba Leonidas, mientras caminaba en oscuras en la alta madrugada al patio de la pensión . llenó el tobo con fría agua del tanque, luego con una vasija de peltre fue tomando aquellas martirizante porciones de agua helada que le hacían tragar los bramidos y no poder controlar los castañear de los dientes. Su llanera costumbre y el deseo de presentarse bien a pesar de su sencilla vestimenta, para sus clase de la universidad, lo obligaba a este diario sacrificio. No usaba boina, no tenía perilla a lo Trotsky, no participaba de los cursos de formación ideológica ni de las unidades de adoctrinamiento, pero todo el mundo sabía que era un marxista leninista convencido. Nunca lo ocultó ni lo negó, hablaba pausada e inteligentemente dejando sin argumentos a sus contrincantes en las veladas de dominó donde era un formidable adversario, tampoco era participe en las peleas con los adecos en el cafetín del Manolo el Canario.
Parece que cayó Sebastopol.-- Le dijo el negro Gutiérrez desde su único flux y sombrero pajilla, su compañero de Zaraza, siempre buscando a ver quien le brindaba un café y por eso se metía en las conversaciones de todo el mundo.
Los rusos no se rendirán. -- Comentó apurando el paso, pues tenía que aprovechar el receso entre clases para recibir un mensaje muy importante.
Si los norteamericanos no los ayudan, terminarán corriendo más allá del polo norte. -- Aclaró Gutiérrez con suficiencia.
Leonidas no le contestó caminando más rápido para que el otro entendiera que no le brindaría café. Gutiérrez insistió. Tenía Un radio de onda corta con el que oía religiosamente a medianoche la BBC, por eso era el repetidos oficial de la radio en toda la Facultad..
No ganan Una. -- Insistió Gutiérrez viendo coma la presa se le marchaba rauda a quien sabe donde dentro de los pasillos de la universidad.
Bueno. Los norteamericanos están enviando aviones, equipos, tanques, pero lamentablemente las cosas norteamericanas son de muy mala calidad. Los equipos rusos son mejores. Por los momentos no se fabrican en cantidad, pero ya veras- contestó apasionadamente Leonidas sin poderse contener.
¿Verdad?. ¿Verdad?. ¿Como sabes eso si no tienes radio?. -- Preguntó el otro asombrado quedándose parado en medio del bullicio estudiantil, derrotado al ver como Leónidas se perdía sin brindarle el café. Leonidas entró al salón de teoría de medicina forense. Ahí recibiría su recado.
II

El lanchón se acercó pesadamente al área militar del muelle de la Guaira. El hombre contemplaba el amanecer parado en la proa de la vieja nave. Impecable en su uniforme kaki de labor, veía los marineros tanto en el muelle como en su barco maniobrar diligentemente para nivelar la nave al costado del muelle. Fue el único que descendió de la misma. Todos los demás miembros de la tripulación se quedaban castigados; sin excepciones, para que aprendieran que con el no se jugaba, puros lacios, puros pendejos. Bajo las escalerillas lentamente para que toda su tripulación pudiera verlo irse. Descendió sin saludar, Luego cambiando el ritmo de sus pasos, con rápido paso sorteo los montones de cajas, los caleteros, las mercancías, las montañas de frutas los pipotes de gasolina y aceites., llegó al reluciente Ford beige.
El chofer prestamente cerró con delicadeza la puerta detrás del comandante y comenzó a manejar buscando la carretera que los llevaría a Caracas. El reluciente Ford Súper Deluxe recién llegado lo hacía sentirse exactamente igual que Patton en África. Disfrutó el paisaje mientras el auto ascendía raudo por las cerradas curvas vía a la ciudad. Cuando llegó a la Av. Sucre vio con beneplácito dos inmensos camiones Mack NR8 lleno de militares que comenzaron a descender por la empinada carretera rumbo contrario a La Guaira.
¡Carajo¡. -- Pensó con entusiasmo, se veían igualitos a las fotos de los ingleses en Cirenaica.
Llegó a su apartamento en el Silencio. Descendió en la plaza y esperó que el ordenanza prestamente bajase su equipaje. Tenía que dormir un buen ato. Esa noche había una fiesta en el nuevo Country Club, bebería buenos Whiskys y compartiría con gente de alcurnia. Lo malo sería que tenía que bailar por compromiso con su esposa y soportar la cara de aburrimiento de su hija. Pero no todo era malo. Mañana mismo visitaría a la muchachita, una oleada de anticipado placer lo invadió.
El hombre comenzó a subir la escalera. Vivir aquí era su mayor vergüenza. Todos sus compañeros de promoción vivían en el Paraíso, en San Martín y en las nuevas casas por la Florida. Le molestaba vivir medio de tantos pobres. Médicos recién graduados, trabajadores de los ministerios. Pronto ascendía, podía mudarse para el Paraíso. Pero lo haría con la muchachita, estas dos podían irse para el carajo
A llegar a la puerta del apartamento se digno en mirar al ordenanza y finalmente dijo.
Te me devuelves ya para la Guaira. Le dices al Alférez Nogales que me les de permiso a todos después de las 7 de la noche, para que se jodan y aprendan. Después vienes y me buscas a las 8.00 PM. ¿Oistes?. 8.00. No 8.01 ni 8.02pm, es 8.00, o sea a las 20.00, 20.00.—dijo moviendo enfáticamente su dedo ante el reloj pulsera de oro, regalo de promoción, puesto enfrente de los ojos del otro.
Sí mi comandante. 20.00. -- Dijo el ordenanza asintiendo, encantado de manejar nuevamente semejante auto, violando todas las leyes de tránsito, sin que ninguna autoridad policial pudiera decirle nada.
Sin ver más al otro y pensando que era suficiente por los momentos el hombre buscó la llave para entrar a su pulcro apartamento. El 1-2. Miro mentalmente la sala. No podía ni hacer una reunión con su contingente. No cabían. Todo el tiempo negándose. Todo el tiempo visitando a los demás, mirando, tragando la rabia las inmensas casas igualitas a las de los norteamericanos.
Pero que arrechera de verdad, --pensó mientras arrimo con el pie el morral y el maletín para abrir la puerta. Tomó una bocanada de aire para darse valor y finalmente entró.
¿Llegaste mi amor? -- saludo la mujer con una falsa y temerosa sonrisa.
No. Lamentablemente no me llamaron para irme a Stalingrado. -- Dijo el hombre sin ironía. De verdad preferiría dado el caso que eso fuese verdad, para no llegar a su irrespirable casa.
Voy a dormir dijo acto seguido y dio un gesto de contención para evitar que la otra lo abrazase, diligentemente puso la pistola encima de la cómoda de la sala.
Pero Rafael. No pongas esas… -- Atinó a decir la mujer con susto.
Cállate. No quiero ruidos, ni molestias. -- Cortó inmediatamente el hombre entrando a la habitación, trancando ruidosamente con llave la puerta, dejando a la mujer de adorno junto al maletín y al morral.
Otra vez la mujercita esa.-- Musitó la mujer con desencanto, viendo la pistola encima del mueble. Ahí le dejaba nuevamente la solución para ella.
El chofer prestamente cerró con delicadeza la puerta una vez que dejó al comandante. Comenzó a manejar buscando la carretera que los llevaría a La Guaira nuevamente. También el reluciente Ford Super Deluxe recién llegado, lo hacía sentirse exactamente igual que Patton en África.
Remedando a su comandante, Disfrutó el paisaje mientras el auto descendía raudo por las cerradas curvas vía a al Puerto. Recordó unas horas antes Cuando llegó a la Av. Sucre ,vio con igual orgullo dos inmensos camiones Mack NR8 lleno de militares que comenzaron a descender por la empinada carretera.
¡Carajo¡- pensó con beneplácito, copiando a su comandante. Se veían igualitos a las fotos de los ingleses en Cirenaica, siempre y cuando no se acercaran mucho, para ver que eran una merienda de bolsas asustados por montarse por primera vez en un camión.
II
El presidente Medina Angarita cavilaba en la soledad de su despacho. Leía y releía un informe que desde la Casa Amarilla le habían mandado con sellos de confidencial hasta en la firma.
Por eso no estaba muy seguro de quien se lo habían enviado. La prosa era repetida y presentaba como autor al secretario del ministro. Era un resumen de las reuniones con el embajador Norteamericano e Inglés. Siempre hablaban igual, a veces creía que eran una misma persona con acentos diferentes y flux de corte distinto.
Si no manejaba bien esto, podría ser peor que 10 meses atrás cuando el Presidente anterior López Contreras se vio obligado a dar 108000 km. cuadrados del Golfo. O Más tiempo atrás todavía; cuando osadamente los colombianos pidieron paso libre a perpetuidad en el Orinoco y el Arauca.
El Presidente López, lógicamente se negó categóricamente. Convocó de urgencia al alto mando, exponiendo la situación y ordenando poner a las Tropas en Alerta Máxima. El ministro de Guerra reunió al generalato vía teléfono. Luego anunció al Presidente que evaluaban la situación. El embajador Colombiano llamaba insistentemente cada media hora, dentro de su cortesía se mostraba más y más agresivo dando prácticamente un ultimátum.
El Gobernador del Táchira informó por un telegrama de urgencia que veía movimientos irregulares de las tropas Colombianas en Cúcuta y confirmaba el cierre del puente Simón Bolívar. López llamaba insistentemente a la Planicie, sede del Ministerio de Guerra. Siempre un oficial ordenanza le contestaba que la reunión se mantenía a puertas cerradas. Pasaron las horas sin respuesta alguna.
El presidente exasperado en la última llamada que hizo explicó irritado al oficial que el subiría a la planicie inmediatamente coordinar personalmente la reunión.
El atragantado oficial tartamudeando le explicó que el Generalato al escuchar el petitorio Colombiano, habían salido corriendo en masa, asilandose en la embajada de Francia y México con sus mujeres e hijos, dejando los cuarteles sin mando..
El Presidente Decepcionado, les dio la baja inmediatamente. A los días envuelto En pleno silencio firmó el paso libre a perpetuidad para todo tipo de embarcaciones Colombianas. Encontró una enconada oposición de los diputados de los partidos emergentes, que clamaban hasta por la disolución del ejército, pues en que cabeza cabía tener a unos seres ganando un sueldo, para enterarse que no cumplían cuando de verdad se les necesitaban… También había un amplio disgusto entre los oficiales jóvenes que lo culpaban de todo lo sucedido por no haber convocado públicamente al pueblo y exponer la situación, ellos estaban dispuestos a asumir cualquier situación. Pero el Presidente había dudado.
López también tuvo que lidiar con los militares asilados quienes amenazaron fuertemente al Presidente de salir de las embajadas, disolver el congreso y dar un golpe de estado sino les daban la baja con sueldo completo y retroactivo.
Cerró la carpeta. Si no tenía discreción en esto, podía tener otro caso de histeria militar en la historia del país.
El Señor embajador de Estados Unidos está al teléfono -- comunicó prudentemente desde la puerta un edecán al presidente.
Medina suspiro. Qué difícil es ser neutral en un país petrolero.
IV

El Cimarrón Azul, era un viejo Tanquero petrolero. Su capitán, era Joaquín Smith García, un oxidado texano de 66 años, que en vez de ser vaquero, prefirió ser marino. Maldecía estar perdiéndose toda la acción y la aventura en el mediterráneo y Atlántico Norte, Ya le tenía un surco al mar de tanto ir y venir Curazao Galveston. Durante dos días fue acompañado por una vieja lancha pesada holandesa. Después, supuestamente un barreminas los escoltara hasta el golfo de México y de ahí en adelante solo ellos.
Capitán. 8 nudos- le dijo el primer oficial, quien sin camisa llevaba sol desde la puerta del puente de mando.
El hombre miró el horizonte. Cielo azul, buen tiempo. Navegación monótona como única perspectiva.
Cuando lleguemos a Galveston me despiertas. –Dijo al timonel, displicente y aburrido. Siempre se oían comentarios. Exagerados todos. Que si 100 submarinos alemanes, que estaban hundiendo muchos buques. Pero. ¿Cómo?. ¿Con qué abastecimiento? ¿Donde pernoctaban? Vio nuevamente el mar. Lo odiaba y lo quería. En la Primera Guerra contrabandear gasolina para Inglaterra, después en las terribles época de la depresión llevo armas y municiones para la China, algodón y azúcar desde Australia para Arabia
Saudita, pues un hervidero de gente llegaba cada vez más a los campos petroleros. Pero ahora. Subir y bajar. Aburrirse era el día a día de un anciano que de noche le dolían los huesos . El fastidio era la norma después de beber una botella de cualquier cosa que embriagarse. Por enfrente de la amura de estribor vio pasar rauda la estela blanca. El hombre la vio por un instante incrédulo. Pero un veterano nunca se dejaba engañar. Reaccionó inmediatamente.
¡Timón completo a babor¡. ¡Paren máquinas¡. ¡Reversa¡. -- Gritó repetidamente. Con estupor vio que su angustia no produjo el menor efecto entre la modorra general. Su tripulación de Venezolanos eran flojos hasta para morirse.
Corrió al puente de mando, con la angustia de si saber lo que pasaría..
¿Qué pasa capitán?. -- Preguntó el timonel recostado de una silla y con un pie en el timón.
Sin ninguna cortesía empujo al hombre, que se desplomó pesadamente hacia un rincón. El Capitán cruzó totalmente el timón.
Acabo de ver un torpedo cruzar justo delante de la popa.- dijo nerviosamente el hombre, sudando frío al recordar lo que le paso a los petroleros mexicanos Potrero del Llano, Faja de Oro quienes se hundieron y motivaron a que México le declaró la guerra a Alemania. Ahora su incredulidad se desvanecía rápidamente ante la realidad de los hechos.
Yo la otra noche vi desnuda, totalmente desnuda a Mae West en el bar de Willy. Claro. Después de la tercera botella de Bacardi. -- Dijo el timonel incorporándose del suelo, riéndose, viendo la angustia de su capitán.—Ahora me vienes con que vistes torpedos.
El otro ya no le prestó atención. El radiotelegrafista comenzó a gritar aterrorizado pidiendo auxilio. Toda su tripulación reaccionó diligentemente a correr a los botes salvavidas. Ya sabían. Veían los dos torpedos que venían inexorablemente hacia ellos. El comprendió la magnitud del ataque. Su buque llevaba una inmensa bandera y el escudo de Estados Unidos.
Por último escuchó el ensordecedor griterío de su gente. No dolería. 40.000 barriles de gasolina de avión al explotar no duelen. A apenas 399 kilómetros al norte de Curazao en menos de un minuto el Cigarrón Azul se partió en 2 y explotó matando instantáneamente a sus 52 tripulantes.
V
Detestaba bañarse tan temprano, pero las costumbres de su padre, era la costumbre de la familia. Para eso su nana le calentaba el agua antes de ir a la universidad. Cuando terminó de ducharse fue en bata a la cocina para desayunar antes de vestirse e invariable conseguirse a su madre con su rostro de amargura que enmarcaba un silencioso reproche. Siempre era lo mismo. Disimular un sollozo para después lanzar todo el monologo, las justificaciones y las acusaciones. La muchacha armada de valor y paciencia escuchaba hasta el final, después de pedir permiso con delicadeza huyó a su habitación para vestirse y pensar por enésima vez cuando sería que Felipe se decidiría, si es que se decidiría. Eran novios, bueno eso creía ella. Suponía que en cualquier momento pondría fecha. Pero el evento se alargaba y alargaba. La Marina y sus deberes, siempre la Marina y sus órdenes, que hacían que de un tiempo a esta parte su padre no tocase el tema y en un almuerzo sin dirigirse a nadie lanzó una perla.
No hay como la Guardia Nacional. Nosotros los de la Marina somos unos bolsas. El flaco Ascanio apenas es Capitán y está destacado en Margarita. Ya ese hijo de su madre tiene una lancha pesquera y tremenda casa en la Asunción.
Graciela supuso que pronto su padre comenzaría a llevarla a Villa Zoila para ver las aburridas paradas de la Guardia Nacional, cambio de rama militar. Él había decidido que sería con un Oficial. Lo que ella deseara ó si sus sentimientos de repente afloraban por alguien, lo tenía absolutamente sin cuidado...
Horas después al salir de la tercera hora de clases casi se estremeció con un sentimiento de culpa. En un bullicioso grupo estaba el. El de quinto año, del grupo que ya estaba a punto de graduarse.

Habían coincidido cuando se desarrolló instantáneamente al mediodía una violenta marcha en apoyo a los huelguistas petroleros. Ella se vio obligada a caminar cuadras hasta donde se encontraba el taxi que siempre la buscaba. Se veía que el señor Loaiza no podía llegar y ella debía buscarlo entre el remolino de gente. Gritos, disparos, manifestaciones, brutal carga de la policía montada. De verdad que nunca había disfrutado tanto ese momento, corrió gritando y riéndose en medio del humo y los disparos y se escondió en un zaguán de una inmensa casa.
Detrás de ella trancaron las dos puertas de la inmensa casona , en silencio en medio de la tensión escuchaban las voces de los policías y el sonido de los cascos de la Policía Montada. En la plena oscuridad lo miro. No era muy alto, no eran tan buenmozo, pero un no sé qué; había una chispa, un íntimo lejano. Vio a su alrededor y vio las siluetas de los demás. Obreros, estudiantes, todos feos, con fuerte olor a sudor de pueblo simple. Les tuvo miedo. El de alguna manera la comprendió. Advirtió a los susurros.
Ella anda conmigo .Es mi novia. -- Dijo tomándola por el brazo, viendo explicativamente a los que junto a ellos se escondían, quienes cortésmente guardaron silencio. Es que ella con su traje rosado y encajes blancos, con su perfume norteamericano, proclamaba que era una chica bien; miembro de los odiados ricos, de los que sabían escribir, de los que los tienen jodidos desde siempre.
Nadie siguió mirándola. Al rato abrieron con cuidado la puerta a la luz de la a mañana. Ya no se veía Policías. Esporádicos disparos se oían a lo lejos.
Ese es mi novia, -- le supo a café con leche y galletas de chocolate con coco.
Ella salió y le sonrío tímidamente. El no dejó de acompañar y acompasar su paso en silencio, mientras miraban con precaución a todos lados.
Debo esperar mi taxi en la parada de Carmelitas, en la esquina del correo. --Explicó ella sin atreverse a mirarlo.
Yo te acompaño, todavía es peligroso, esos policías son unos abusadores... dijo él como si la conociera de toda la vida. Un abusador encantador era precisamente él, pensó ella sin contestar, pero contenta de su atrevimiento.
Caminaron entre la gente. Junto a ellos pasó lentamente un camión Saviem repleto de policías quienes los miraron escrutadoramente desde sus cascos de acero. En la esquina el camión frenó violentamente y los policías bastones en mano comenzaron a correr y disparar delante de ellos, nuevamente la cosa se ponía fea.
¡El pueblo lo dice y tiene razón, Medina Angarita es hambre y represión¡. -- Coreaban los manifestantes aplaudiendo rítmicamente. Empezaron a lanzar piedras. La policía nuevamente disparó

Estos malditos adecos. -- Rumio el muchacho mientras apuraba el paso con ella. Aprovechaban cada oportunidad para hacerse más fuertes. De verdad el partido tenía un inmenso fallo dialéctico al pactar con esos transgresores de la izquierda. A lo lejos ella vio el Desoto estacionado.
Gracias. -- Dijo ella aliviada. --De verdad le agradezco mucho.
Bueno. Todos somos UCV. -- Le contestó él viéndola directamente. -- Eres de mi facultad
Ella se turbo absolutamente.
Sí. -- Atinó a contestar, nerviosa ante la presencia del otro.
Leonidas Cedeño. -- Se presentó rápidamente dándole la mano.
Graciela Vegas. -- Le dio ella su enguantada mano y le regaló una tímida sonrisa.
Ella casi corrió con el corazón golpeándole el pecho. Se sentó en el auto casi sin poder respirar. ¡Que osado¡. ¡Que impetuoso¡, no tenía distancias este hombre y lo que le mandó por los ojos era fuego líquido.
El auto partió velozmente, mientras Graciela no lograba encontrar la paz. Felipe indiscutiblemente era por kilómetros era más buenmozo y hasta mas agradable, pero siempre le pareció un gallo fatuo y pretenciosos, que en las reuniones automáticamente se olvidaba de ella, se integraba a cualquier grupo , siempre repitiendo el mismo fastidioso cuento de cómo lo agarró un temporal en la vía de la Isla de Aves. Dígame si hubiera estado en Dunkerque o en el sitio de Bataan. Cuando llegó a la casa notó que dos inmensas lágrimas le habían rodado por el rostro.
Pasaron días y él la saludaba con familiaridad, le hablaba como si se conocieran de toda la vida
Hola Graciela, bella. -- decía sin importarle para nada sus dos compañeras de clase, las únicas tres mujeres en el salón y le estampaba un beso en la mejilla, sin el más mínimo recato.
Ay dios pensó si Felipe llegase a enterarse ardería Troya. Pero cada vez le gustaba más ese miedo espantoso que la atacaba en todo momento que Leónidas se le acercaba.
V
-- ¿Cuantos van ?
Cinco Petroleros y dos cargueros. -- Dijo el Capitán Arthur Collins de la Inteligencia Inglesa que actuaba desde la embajada en Caracas.
El embajador rabió el hecho que los alemanes continuaban trabajando muy bien. Los americanos les habían comunicado en la última reunión de trabajo; que un oficial de inteligencia naval norteamericano, de raza latina, laboraba buscando al agente alemán principal en Caracas. Sus propios informes de inteligencia expresaban que el norteamericano andaba era de parranda con una exuberante venezolana mucho mayor que él y seguía pistas falsas de todas formas y colores. El inglés dudaba absolutamente que el espía fuese un alemán residente. Todos habían llegado huyendo de Hitler, mal podría pensarse que uno de ellos colaborara así fuese por chantaje. Siempre cabría la posibilidad que alguno se camuflase, pero sería fácil de detectar.
El embajador miró al capitán. Este caso había revivido al hombre. Fue uno de los combatientes que repelió El 18 de abril de 1932, a los independentistas violentos indios atacaron el arsenal británico de Chittagong, perdiendo su brazo en esos terribles combates. Por eso estaba relegado en este país, mientras todos sus compañeros de promociona se batían en África. Por fin algo interesante y la posibilidad de ser útil…
Nuestra gente en Caracas y Curazao, no han detectado nada, nada fuera de lo común.-- Dijo el Capitán, moviendo la cabeza con desaliento.
Es por que no transmiten nada. El agente va a un sitio determinado y de seguro le trasmite a alguien fuera de aquí la ubicación y fecha de salida a través de cualquier telégrafo. Un simple cálculo de trigonometría les da el punto probable de intercepción y el submarino que debe estar estacionado por ahí tranquilamente se viene encima, hunde en lo que quiere. Mientras tanto los Norteamericanos en Puerto rico se masturban la mente viendo a la última estúpida de pelo platino que revolucionó Hollywood...
Y eso que el petróleo es para ellos. -- Se quejó igualmente el capitán. -- ¿Tú crees que los alemanes tengan a algún oficial de aquí comprado?.
No. Nosotros somos los que producimos el Whisky --dijo enmarcando obviamente las cejas el embajador al otro.
El Capitán asintió con una sonrisa, entendiendo perfectamente al otro..
Lo vamos a agarrar. Nosotros lo agarramos.—Le expresó con una consoladora palmada el embajador.
Dime la ruta --dijo el capitán encendiendo un buen tabaco Montecristo.
Vamos a ponérsela difícil a los Alemanes. Los norteamericanos van a hablar con el presidente. Les toca a ellos por el momento—finalizó el embajador, extendiéndole un papel con la ruta señuelo que pondrían a ver si caía la presa ó identificaban al traidor.

III

El U-535 emergió a la media noche. El piloto hábilmente dejó el submarino a un metro y medio sumergido. Solamente toda la torre emergía en el mar. El Capitán de Corbeta Gunther Willenbrock y su segundo el Teniente Albrecht Liebe aspiraron con beneplácito el aire de la noche, mientras los marinos a gran velocidad aprovechaban para lavar uniformes y bañarse rápidamente.
El Capitán se rió y le dijo a su segundo.
Pero. Cómo apestas. Hueles a un tren de cerdos con aceite. --Exclamó sin poder contener la risa, al respirar aire fresco su olfato se activaba rápidamente. De verdad olían a podrido.
Igual tú.-- Dijo el otro riéndose igualmente, mientras rápidamente bajaba, desnudándose para lavar su ropa.
Creo que mis interiores se hicieron parte de mi piel. -- Dijo el teniente en medio de carcajadas, mientras rápidamente lavaba su maltrecho uniforme.
El otro aspiro más aire, mientras las bombas inyectaban y renovaban el fétido aire del interior.
Es una lástima que no podamos bajar a las islas. Ron, agua y una cama con sabanas limpias.—Se quejó desde la superficie del Submarino el Teniente, mientras lavaba.
No te quejes --repuso el capitán mientras velozmente, también se había desnudado, lavando su podrido uniforme y aprovechando de lavarse así sea con agua de mar. Podíamos estar en el Báltico o en el Mediterráneo. Aquí la cacería es impune.
Una vez estuve en Río durante el carnaval. Fue espectacular-- rememoró el otro desde la oscuridad.
Vaya. Nunca comentaste esas debilidades --repuso el capitán, en cuclillas en un difícil equilibrio dentro de la espuma que producía el mar. Ya pronto tenían que introducirse todos.
Me enrede con una sambista. -- Confesó el otro, recordando mejores épocas.
¿Una qué?...
Una garota. Una negra. De verdad he tenido mujeres. Pero como esa vez ninguna. -- Dijo el Teniente con una vivida sonrisa desde la oscuridad, que no dejó de ser notada por el capitán.
Ey. Ey. Cuidado con lo que dices. -- Dijo la voz del capitán, cambiando inmediatamente el tono por uno más duro --Voy a asumir que no escuche eso.
El teniente guardó silencio. Había llegado demasiado lejos con su añoranza. Prefirió obviar la conversación.
Por qué no nos dejamos llegar a Saint Martín. Es del gobierno de Vichy.-- Propuso inesperadamente el hombre, sin dejar de hacer su tarea y vigilar atentamente el mar.
Está ocupada por los norteamericanos. Buscaremos llegar a las Canarias. Será una visita inocente. -- Dijo tranquilamente el capitán, vigilando también el horizonte..
Pero ahí están los norteamericanos e ingleses. Nos bloquearían y nos hundirán sin compasión.-- dijo el teniente alarmado.
No. No lo harán. No quieren problemas con los españoles. Tenemos que hundir uno grande. Siguen indiferentes a pesar de nuestros castigos, continúan llevando petróleo a Usa. Debemos hundir uno grande. Término enfáticamente diciendo el capitán para todos.

IV

El presidente escuchó en silencio los alegatos del embajador norteamericano. Ofrecían vender simbólicamente dos corbetas usadas pero con un overhaul completo, 4 aviones de patrullaje Catalina y 5 Mustang P-37. Nuevos de paquete, serían los únicos en América latina. Con eso equilibraran la superioridad aérea de los Colombianos, quienes con los AT6 Meteor estaban insoportables. Pero el presidente no se hizo ilusiones. Si le daban el veneno a él, a los Colombianos les daban el antídoto y viceversa. También ofrecían el entrenamiento completo para los oficiales. Después vomitaron lo que querían. Nada menos que las cañoneras ampliarán su patrullaje entre un radio de Curazao, Aruba y el Golfo de Venezuela. Solo hacer presencia. Congestionar la zona. Si veían algo sospechoso lo telegrafiarían inmediatamente y los Norteamericanos harían el resto. Ya tenían un B-24 patrullando desde Panamá hasta la Isla de Trinidad, que actuaría de inmediato.
El Presidente suspiro. Esto de los submarinos alemanes se tornaba serio. APARTE QUE Los CONTRABandistas CADA 5 MINUTOS GRITABAN QUE LOS ALEMANES ESTABAN POR AHÍ, LA POBLACIÓN ENTRABA EN PÁNICO, LAS TROPAS CORREN MÁS RÁPIDO QUE UN VENADO Y ASÍ APROVECHABAN PARA METER CONTRAbando POR toneladas. Los americanos ofrecían repuestos, mantenimiento y hasta un bono para la alta oficialidad, que podían escoger. Un fondo de retiro en dólares o una visa permanente para vivir en Usa.
El Presidente logró no comprometerse de inmediato. Sin embargo le gustó la idea del arriendo militar, le daban los equipos, el los usaba y no pagaba, después los devolvería, si quería. Pero no se hizo ilusiones. Lograr movilizar un convoy era un tira y encoge gigantesco entre los oficiales pasándose las órdenes unos con otros. Si no quería un diluvio de permisos médicos tenía que guardar silencio. Sabía que los récords de velocidad eran producidos por los chismes superlativos e inventos que eran los famosos Grados 33. Una comisión se transformaba en una misión suicida, una alcabala era considerada una movilización de guerra, un simple patrullaje era una acción épica que dejaba minúscula a la ofensiva de Rommel en África.
Entonces. Un patrullaje real, con la posibilidad de ver desde lejos a un submarino alemán podía llevar a una deserción masiva que llevase a la fuerza a un desmoronamiento total en menos de una hora con su correspondiente aluvión de infartos fulminantes. Sin embargo llamó al Ministro de Guerra y le pidió un informe del patrullaje naval en las costas.
Al día siguiente recibió de manos de un nervioso Alférez de Navío, una primorosa carpeta donde en 30 páginas de bla, bla, bla y bla. Le decían que la Río Caroní reposaba plácidamente en el muelle de Maracaibo, pues su comandante estaba de reposo activo debido a severos desórdenes gastrointestinales. Otra cañonera estaba patrullando dentro del lago, bien lejos de donde se necesitaba de verdad, dizque tenía un golpe de biela, cosa más o menos comprensible, pues ambos navíos eran nuevos, comprados en un lote a Italia en 1938, pero ahora las relaciones estaban suspendidas y no llegaban repuestos. .Informaba que todos los oficiales recién graduados estaban en cursos en la escuela de las Américas. Muchos estaban pidiendo permiso para irse a combatir con los norteamericanos y si se los negaban pediría la baja y lo harían independientemente. También le decía que todos los oficiales operativos eran retardados en los ascensos, aplazados en la selección para hacer curso en el extranjero, los castigados, los indolentes, los troperos.
El presidente leyó dos veces lo último y lo releyó dos veces más. Quedó sorprendido y alarmadísimo por la información, más grave que el submarino Alemán que rondaba por ahí. Informaba de lo más tranquilo ,que unos pescadores habían visto justamente enfrente de Mirimire, en el borde de la zona náutica exclusiva, a una corbeta Colombiana, patrullando con todos su equipo de combate, buscando al submarino nazi. De paso la corbeta le había dicho a los marinos que se alejaran, pues tenían una zona de exclusión de 4 millas náuticas a su alrededor. Pero ¡Que descaro¡... Eso sí que era intolerable. Permitir eso, les daría pie a ellos, adjudicarse el Zulia y Falcón por ejercicio de soberanía.

El hombre pescaba plácidamente en las afueras del puerto de Willemstad. Casi al lado del Taparita Esson. Ese sí que sería una buena presa. Ya tenían dos días y medio cargándolo con gasolina de avión y durarían al menos 72 horas más para terminarlo. Esa información le costó 50 dólares, pero valió cada centavo. También le costó un carite de unos 15 kilos que acababa de pescar, recibiendo felicitaciones y aplausos de todos los botes vecinos. 72 horas le daría tiempo suficiente de ir a Punto Fijo en lancha, poner un telegrama para Brasil con 8 direcciones diferentes y unos 20 negritos a disposición ,quienes pondrían el telegrama con el mensaje. Siempre era familiar. Mi mama te manda saludos, mi mama te manda la bendición, mi mama te pide 10 dólares, mi mama tiene gripe, el receptor lo descifraba y mandaba un mensaje en clave y en el dialecto de Renania. el submarino haría cálculos y pum, pum, pum, barco para el fondo. 4500 Bolívares para él y de paso llevaría botellas de Whisky, mantequilla en latas y dos neumáticos Goodyear. Todo eso reportaría 70 bolívares adicionales y la posibilidad de Darle plomo otra vez a Petra María, la simpática andina, que le encantaba acostarse con el por 4 bolívares.
El hombre ostensiblemente remo hasta la orilla, cargó el pez en sus espalda y se alejó a la vista de todo el mundo y de la tripulación del Taparita Esson. El y el resto de los 60 botes que pescaban al lado del tanquero.
VI
No me eches esa vaina. ¿Tu te quieres meter en la guerra de los Gringos?. -- Ripostó el ministro, sintiendo el nublar de su vista , junto el acelerar de su corazón cuando se reunió con el Presidente, escuchando con los ojos desorbitados, cuando este le expresó las intenciones de los Norteamericanos. El hombre vio el rostro del presidente, con espanto comprendió que él no estaba jugando. La cosa era verdad y en serio.
A su lado con un rostro cenizo el Comandante de la Marina movía epilépticamente una pierna, mientras parecía estar sentado encima de una pelota de bowling.
Si yo le ordenó esa vaina a la Marina, me vas a obligar a irlos a buscarlos en el Matto Grosso. Carajo. ¿No te das cuenta que no tenemos equipos para enfrentar un submarino y de paso Alemán?. --Expreso nerviosamente el ministro, olvidándose de la autoridad del otro y tratándolo familiarmente como cuando siempre visitaban los burdeles de Catia.
Es verdad. No van a ir ni de vaina.-- Apoyó rápidamente el comandante general, afirmando mecánicamente con la cabeza.
Los Colombianos están patrullando casi dentro de nuestras aguas. Ellos si están buscando a los alemanes. -- Dijo el presidente exasperado dando un fuerte puñetazo en el escritorio. Esto hizo que los dos hombres dieran un respingo asustados ante la furia repentina del otro.
Bueno. Podríamos coordinar con ellos… --se atrevió a proponer el comandante, pero enmudeció, al ser fulminado por la mirada del presidente.
¿Qué coño van a coordinar con los Colombianos?. ¿Que sean ellos los que nos cuiden?. ¿Es que no hay testículos?.—Dijo el Presidente, prescindiendo de su cordial tono de siempre . Una llamada telefónica hizo una pausa ante los dos hombres, aterrados ante el Presidente. Después el Presidente colgó el auricular y dijo.
Esto es para los dos. Acaban de informarme que otro petrolero fue hundido. El Cimarrón Azul. Así que no hay más excusas. La Marina va a salir a patrullar y no quiero oír más pendejadas. ¿Quién es el más arrecho en la Marina?. -- Preguntó el Presidente viendo como gallina que mira sal a los dos hombres.
Wolfang Larrazábal. -- Dijeron en coro los dos hombres.
No. Ese no. No me gusta. Tiene nombre alemán, Además me pude dar un golpe si coge más notoriedad. No me gusta para nada. Se la pasa cantando música criolla allá en Puerto Cabello. --Dijo el presidente aludiendo a las cualidades líricas del comandante. Bueno. Esta Rafael Vegas. Es un hijo de su madre. Está retrasado en dos ascensos, es un tropero maltratador de los marineros. Pero puede servir en el Comando de Escuadra.-- Apuntó el Ministro, viendo al comandante. Este asintió con un gesto de peor es nada.
Media hora después ambos hombres salieron con cara de angustiosa tragedia del despacho presidencial, lo que implicó que desde La Goajira hasta en el puesto naval de La Punta enfrente a Trinidad, todo el mundo se le pusieran las bolas de Corbata, pues esa reunión y esas Caras significaba algo muy malo estaba pasando, al menos eso decían todas las llamadas telefónicas y telegramas que se dispararon con toda clase de comentarios. Parecía que el Presidente quería poner a la Marina a trabajar por primera vez.
¿Por qué no dijiste Carlos Larrazábal?. -- Preguntó el Comandante al Ministro al montarse en el negro Chevrolet Special de Luxe que los llevaría los dos a la Planicie, sede del Ministerio de Guerra.
No. Ni loco. Ese es un hombre. Es muy capaz de dispararle a la corbeta Colombiana y de encontrar al submarino alemán y hundirlo. Y ¿entonces? .Nos metemos en la grande del siglo. Él no es ni de lejos igual a su hermano Wolfgang. --Dijo el ministro convencido. Mandamos a Vegas, que ese no consigue ni a un vaso de Whisky en medio de una mesa de banquete...
El Comandante miró al Ministro y no pudo contener la carcajada. Es que era verdad. De Todos los comandantes ineptos que estaban, Vegas era el más incapaz de todos
Continua en el capitulo 22

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