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por: autor palabra
Martes 14 de Agosto de 2018

La vie en rose

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Categoría: Ensayos | Fecha: 22/05/2018
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Durante estos últimos meses, varias veces me he detenido a pensar sobre la dinámica de las relaciones de pareja. Para ser más preciso, mis pensamientos rondan alrededor de los actos que se llevan a cabo en los comienzos de este tipo de relaciones.
Será que, por mi estado actual de soltería; y sumado al hecho indefectible de que soy en esencia un tipo sensible, todo lo referido a manifestaciones románticas despiertan mi interés.
Teniendo en cuenta de que todos los seres humanos son diferentes y, por lo tanto, reaccionan de manera distinta ante situaciones similares; también es cierto que existen algunos patrones de comportamiento que se repiten en los individuos al enfrentarse a un suceso determinado.
Supongo que el ser miembro de una sociedad con una cultura común que es transmitida a través de las generaciones, influye sobremanera en el pensamiento de una persona a la hora de tomar una decisión.
No es mi intención realizar un análisis sociológico al respecto, porque voy a meterme en un brete que no puedo resolver; sino que quiero hacer una pequeña reflexión sobre esos patrones de comportamiento común que se manifiestan en la mayoría de los hombres y las mujeres cuando comienzan una relación romántica.
Es como si existiese un manual de conducta implícito que rige a todos los individuos en edad de merecer. Y aquí debo hacer un alto. No estoy refiriéndome a las nociones del bien y el mal que fueron transmitidos por nuestros ancestros desde los inicios de las sociedades occidentales, llegaron a nuestros días y que formaran parte de nuestro legado hacia las generaciones venideras. Eso si, es probable que les lleguen un poco tergiversados, teniendo en cuenta los tiempos que corren. Espero sepan disculpar.
En una época donde la tecnología está presente en cada uno de los aspectos de la vida, aún en los más íntimos; da la sensación de que todos tenemos un chip incorporado que se activa cuando iniciamos una relación romántica y produce un comportamiento similar ante un estímulo determinado.
Obviamente estoy hablando de grandes rasgos, de generalidades. En cualquier tipo de relación influyen los aspectos sociales, educativos, económicos, familiares, etc. Pero es innegable que pueden encontrarse rasgos comunes en el proceder de distintas parejas que a priori, no tienen punto alguno de comparación.
Y es curioso, pero parece que estas conductas se agudizaran a medida que pasa el tiempo y nos ponemos más grandes. Porque cuando sos adolescente vaya y pase. Entre que las hormonas te bailan zumba en todo el cuerpo, te crece vello donde no debería pero escasea donde sí te gustaría tener; y el acné que no te da respiro y no existe cremita, loción u ofrenda a la Pachamama que impida que siga apareciendo para joderte la vida y minarte la confianza; es lógico que adoptes conductas que sean comunes entre tus iguales. Porque si bien así no destacas, tampoco quedas a contramano del resto. Y el hecho de pertenecer es muy importante, casi esencial diría; en los turbulentos años que preceden a la adultez.
Pero una vez que dejás atrás la etapa de crecimiento e ingresas al "fantástico mundo de los mayores", la taba se da vuelta, y comienza una lucha descarnada por sobresalir de tus pares. Porque a mejores aptitudes, mayores oportunidades. Y eso te permite subir a un escalón mas alto en la pirámide social.
Sin embargo, a la hora de confraternizar con el sexo opuesto, de la conquista; comienzan a regir un sinnúmero de reglas implícitas que se aplican a todos los individuos que participan. Y parece mentira, pero vuelven a entrar en juego esos comportamientos casi miméticos que teníamos en la pubertad. Y cuanto mas grandes nos ponemos, y comenzamos a sumar cicatrices sobre la piel; la cuestión se torna cada vez más complicada. Ante una nueva relación, sacamos a relucir todas las corazas y barreras que acumulamos durante años. Y llegar a conocer realmente a alguien es una tarea titánica. Y ahí es cuando comienzan las sorpresas. Y dependerá de la capacidad de tolerancia, de las cuestiones en común y de los sentimientos de ambos para lograr sacar el barco a flote o que la relación zozobre en una ruptura tempestuosa.
Ahora, si sucede lo segundo y luego del período de duelo que conlleva el fin de una pareja; cuando estamos dispuestos a pasar por todas las vicisitudes que implican abrirse a conocer a alguien, volvemos a cometer los mismos "errores". O sea, en cualquier actividad empírica se sabe que ante igual procedimiento, igual resultado. Esto es una verdad absoluta. Y encomillé la palabra errores porque en realidad no sé como llamarlos. Y vuelvo a lo expresado al principio de todo este relato, los patrones de comportamiento en situaciones similares.
Tal vez todo se reduzca a algo tan simple como la fórmula de la Coca Cola, por dar un ejemplo. Es la gaseosa mas consumida del mundo y no necesita ser evaluada constantemente para garantizar su éxito. Cuando abris una botella sabés con qué te vas a encontrar. Quizás con las relaciones pasa algo similar. Sabés que si haces "A", la otra persona va a responderte con "B", y vos estás preparado para esa respuesta y para actuar en consecuencia. La cuestión es que detrás de "A" y "B" después viene "C". Y aún sabiendo que "C" por ahí significa una hecatombe, seguimos haciendo "A" y esperando "B".
Puede que sólo se trate de un paradigma exitoso, como sucede en la ciencia. Durante años una determinada teoría domina un campo científico, hasta que se descubre otra que obtiene mejores aplicaciones y resultados y la destrona. Quizás llegue el día en el que ante "A" alguien reaccione con "H" o con "W" y nos obligue a revisar todos los pasos que hicimos para encontrarnos con una respuesta que no esperábamos. Seguramente durante un tiempo reine el caos y la confusión, porque no existirá un manual de referencia para lidiar ante los requerimientos del amor.
Será cuestión de dejar de lado todos los mandatos y los preceptos, de animarse a actuar con espontaneidad y confiar en nuestras decisiones; de ser realmente auténticos. Nos lleve adonde nos lleve. Al fin y al cabo, lo maravilloso de la vida y del amor es ir descubriendo el camino a medida que avanzamos. Todos sabemos que al final nos espera la muerte, y depende de cada uno el sendero que elige para llegar hasta ella. Si optamos por la seguridad de seguir las indicaciones de todos aquellos que nos precedieron, ó nos animamos a abrir un nuevo paso a través del bosque.
Creo que no existe valentía mayor que la de abrir el corazón y sentirte vulnerable ante la persona amada. Eso, para mí; es la Vie en Rose.

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