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por: autor palabra
Viernes 21 de Septiembre de 2018

Como siempre...

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Categoría: Cuentos | Fecha: 06/09/2018
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COMO SIEMPRE
Me levanto…
No muy temprano, pero con tiempo.
Voy al baño, me lavo la cara, me peino, lo mismo de todos los días.
Siempre la misma cara, siempre el mismo baño, siempre el mismo peine, siempre lo mismo.
Abro la puerta, salgo, cierro y marcho a paso lento pero a pensamiento acelerado, como siempre.
Tomo el ómnibus, no sin antes saludar a un par de vecinos en el camino, los mismos de siempre.
Llego al trabajo tres minutos antes de la hora y me termino de cambiar diez minutos después de la misma.
Paso por enfrente de los mismos compañeros de siempre.
Saludo al jefe con la falsa simpatía de siempre.
Pero hoy, percibo en el aire, que algo no va a ser lo de siempre.
Luego de un par de aburridas horas de trabajo, o de no saber qué hacer, y de haber caminado de diez a doce veces por el mismo lugar y haber fumado dos o tres cigarros los cuales me cierran un poco el pecho, viene el que desgraciadamente manda siempre y me avisa con mucha amabilidad, como siempre, que más tarde desea hablar conmigo, porque ahora está ocupado como siempre.
Me pongo a pensar en esos interminables minutos...
¿Qué habré hecho mal?
¿Dónde metí la pata ahora?
Porque para él siempre estoy metiendo la pata en algo.
¿Habré hecho mucho cebo?, pero si no me da trabajo, debe de ser alguna otra cosa, pero…
Tal vez será un aumento de sueldo, por qué no?
Todavía sueño con milagros.
Vení vamos a hablar ahora…
Si, como no…
Una hora, tal vez hora y media más tarde, estoy en casa, desconsolado, sin perspectivas y juntando rabias y depositando en una bolsa de residuos una cantidad inimaginable de esperanzas y sueños rotos.
Se renuevan las ganas ocultas de volar, pero, sin plata y con familia eso se torna imposible.
¿Cómo se lo digo a mi compañera?
¿Qué dirá ella cuando se lo diga?
¿Cuál será el juicio del resto de los que me conocen?
Ya los escucho… aaahhhhhh, este loco es un vago de mierda, no aguanta ningún laguro.
Y yo en silencio, sin poder ni querer decir ni justificar nada, como siempre.
Al otro día, me levanto más temprano que de costumbre.
Apronto el mate y salgo.
El día es hermoso, a pesar de que estamos en agosto, el día esta cálido con el cielo extraordinariamente celeste y no se observa ni una sola nube.
De vez en cuando pasa una gaviota que me mira desde las alturas y me saluda desde su alegre y planeante vuelo.
Me dirijo hacia el parque pasando por el rancherío y por el sendero estrecho y barroso, simulando una pequeña jungla inofensiva.
Al fin ante mi vista surge esplendoroso, verde y fresco el hermoso parque.
Con su lago y su isla en el centro como pintada por la naturaleza.
Está como esperándome, nadie se ve en los alrededores.
Una brisa suave y refrescante corre y me acaricia.
En el lago se ven los patos retozando tranquilos en el agua, gritando de vez en cuando, quizá queriendo llamar la atención o diciendo quien sabe que cosas.
Esperando tal vez que empiece la confidencia.
Me siento en un tronco seco, de lo que fue un grande y hermoso eucaliptus, un coloso tal vez, de aquellos que hoy asombran por su robustez, los que se encuentran adheridos a la madre tierra con sus enormes raíces como venas, temiendo desprenderse para no perecer.
Desde ése mi pequeño espacio en el mundo, pienso…
Pienso en mi país.
Pienso en los que no están y quieren volver, en los que están y se quieren ir.
En los que no quieren nada porque hoy se les niega hasta el derecho de pensar, querer o sentir algo.
Pienso en aquellos a quienes por egoísmo de sus padres, están hoy en tierras lejanas queriendo volver.
Mañana crecerán y se negaran a dejar la comodidad por los sentimientos, se resignaran a vivir lejos de la tierra que los vio nacer, y cuando tengan hijos, solo les contatrán de donde vinieron y como es acá. Y éstos a su vez y al no conocer nuestra tierra, ya no le dirán nada a sus hijos, y así morirá para ellos el pequeño y lejano Uruguay.
Pienso en los niños que sufren por los errores de sus padres, a los cuales, en muchos casos, ni siquiera conocen, pero viven condenados toda su vida sin entender porque!!!?????
Al niño que nace mendigando.
Al de las patas sucias. Al de las patas frías.
Al disminuido por la desnutrición. Al de los ojitos con un eteno lagrimón, que ni siquiera tuvo tiempo de salir.
Al niño que se acostumbró a que pasen y lo miren con ojos tristes.
Al que siempre lo acompañó y aprendió a vivir con la lastima y la marginación como compañera.
Al niño que se le cansó la unión del brazo con el hombro de tanto estirar la mano.
Al niño que nunca oyó a un político embustero, un cura sin compasión, un médico resignado, un abogado sin causa, pero que sabe todo, todo lo sabe desde el día que nace, así como sabe que una madrugada de un invierno, lo encontrará arrolladito, muerto, tal vez de frío, tal vez de hambre, con el mismo lagrimón que se quedó ahí, sin haber podido salir nunca.
Y no faltrará quien diga, pobrecito.
Y no faltará quien no le haya dicho, ahhhh!!! Y porque no trabaja?, todo sucio, si por lo menos se lavara, y tratara de conseguir trabajo, pero si no luchan, ellos están cómodos, todo el día mendigando, les da para comer y la pasan bien.
Me da risa, tal vez nunca vieron un jabón fuera de la vidriera de la perfumería, tal vez no se puedan levantar del hambre, pero claro , los gorditos de ellas son mantenidos hasta los treinta y después tendrán la dura tarea de explotar y hambrear a sus empleados no!?
Se me terminó el agua del termo, el mate se lavó, y ya casi no puedo respirar de tanto humo tragado por mis pulmones.
De regreso a la casa, el mismo camino de siempre, la misma entrada.
Entro y me acuesto con la misma oscuridad, el mismo frio.
Dejo el termo y el mate.
Hola amor, como andas???
Bien... como siempre.
Que hiciste hoy?
He dejado atrás un día más… como siempre!?

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